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OTAN: entre la coyuntura y el largo plazo Destacado

Flamante Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg Flamante Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg

Luego de la reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), su Secretario General, el danés Anders Fogh Rasmussen anunció la creación de cuatro fondos fiduciarios para reforzar la capacidad de defensa militar, la logística y la seguridad informática de Ucrania, al tiempo que resaltó la “firme condena” de la “ilegal e ilegítima” anexión rusa de la península ucraniana de Crimea.

 

Es que nadie pudo preveer la estrategia desarrollada por la Rusia de Putin en la escalada del conflicto ucraniano y, sin duda, la OTAN no fue la excepción. Sin embargo, como fue señalado en su oportunidad (ver Rusia: Vladimir Putin, el redentor de las tierras rusas), Ucrania no es el primer caso en el que occidente deja en evidencia su incapacidad de reacción. Chechenia y Georgia sirven de antecedente de las “agachadas” de occidente y sus dificultades para anticipar los movimientos de una Rusia que geopolíticamente avanza sin grandes dificultades.

La OTAN no es la ONU y, por tanto, suena casi ingenuo que a esta altura su Secretario General se empeñe en condenar el accionar ruso y ratificar su apoyo a “la soberanía, integridad territorial y el derecho del pueblo ucraniano a determinar su destino libre sin interferencias del exterior”.

Desde su creación, la Alianza Atlántica es un sistema de defensa colectiva de sus miembros ante cualquier agresión externa. Una organización cuyo gasto militar combinado supera el 70% del gasto militar mundial de acuerdo a las cifras del Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo.  Si bien es cierto que la única intervención directa de la OTAN, desde su creación en 1949, fue en el marco de la masacre étnica operada en 1999 en Kosovo, tras la invasión de Estados Unidos a Afganistán, la OTAN titularizó la “operación medusa”, con el objetivo de eliminar las fortificaciones talibán en el sur del territorio afgano, contabilizando alrededor de 400 supuestos talibán y 20 soldados extranjeros muertos en acción.

Al igual que luego del 11-S, la OTAN se enfrenta a nuevos desafíos que obligan a replantear sus objetivos. Es que no sólo resulta imprescindible dar por finalizada su intervención en Afganistan, sino que además hay que reformular el abordaje a la crisis de Ucrania y su relación con Rusia, así como rediscutir el posicionamiento ante la inestabilidad creciente de medio oriente, a partir del avance de las milicias sunitas en Siria e Irak.

Este es el contexto en el que se realizará la renuión cumbre del 04 y 05 de septiembre, en la ciudad de Newport, Gales. Recién entonces el noruego Jens Stoltenberg será el flamante Secretario General de los 28 miembros aliados de la OTAN. Nacido en 1959, en Oslo, el Laborista Stoltenberg es el primer Secretario General de la OTAN que no proviene de un país de la Unión Europea y ocupó el cargo de primer ministro noruego en dos ocasiones, 2000-2001 y 2005-1013. Su segundo mandato fue producto de una alianza inédita en Noruega entre socialistas, ecologístas y comunistas. Actualemente, y luego de la derrota de la centroizquierda en 2013, ocupa el rol de lider de la oposición en su país.

En septiembre, Rasmussen pretende circunscribir la cumbre a los “éxitos de la intervención en Afganistán”, el noruego entiende que a casi una década de intervención directa pocos son los éxitos acumulados y que el régimen de Kabul no se encuentra en condiciones de mantener por si solo la paz en el territorio.

De cara al “futuro de la OTAN”, Rassmusen adelantó que el conflicto de Ucrania obliga a un “back to basics” que enfatice la defensa colectiva sin dejar de reconocer que sería un error cerrar el diálogo con Putin.

Asimismo, Stoltenberg es consciente del escepticismo creciente en Europa y su influencia negativa en la implicación de las naciones en compromisos internacionales y, por ende, en la reducción de recursos disponibles para financiar tales alianzas. Es decir, su gestión no estará marcada por la abundancia financiera y eso, claro está, no le gusta a nadie a la hora de asumir un cargo. Básicamente, el contexto político no se presenta proclive para justificar partidas presupuestarias de los países miembro a la hora de financiar “soldados a miles de kilómetros de distancia”.

Precisamente, por ello, se intentará plasmar una “Declaración Transatlántica” que ratifique el compromiso mutuo entre Estados Unidos y Europa con la seguridad de cada uno, más allá de la formalidad, y comprometa a las partes a compartir la carga económica y financiera de la organización hasta alcanzar el 2% del PBI de cada miembro.

La mirada aparentemente más amplia de Stoltenberg en realidad se impone ante la inestabilidad de ciertas regiones que, sin duda, exceden la retirada de Afganistan y el conflicto de Ucrania. Centrar la cumbre en dichos acontecimientos, equivaldría a limitar la capacidad de respuesta de la Organización frente a los riesgos y amenazas que suben desde el sur, mas precisamente desde la región geopolítica del norte de Africa y Oriente Medio (MENA).

Habrá que ver si de la cumbre emerge una Alianza fortalecida con capacidad de instalar agenda propia como aspiran algunos o si seguirá reactiva e impotente ante los diversos brotes de inestabilidad en su espacio de influencia.

Romper la tendencia “localista” de sus miembros no será tarea sencilla y aunque suene paradójico focalizar en la crisis de Ucrania podría profundizar aquella inercia dejando a la OTAN sin perspectiva y con objetivos estratégicos desvirtuados.

En principio, la discusión sigue abierta aunque algunos elementos estarán presentes en la cumbre. Afganistán y el cierre de la operación junto con el retiro, antes de 2016, de las tropas allí instaladas. Rusia, la crisis de Ucrania y la anexión de la península de Crimea serán los ejes centrales del cónclave.

Una agenda más ambiciosa y de largo plazo debería incluir la actual crisis de medio oriente, la inestabilidad política del MENA y sus implicancias directas en materia energética, de logística y transporte de mercaderías, de intercambio comercial, etc. De no hacerlo, la flamante gestión deberá resignarse a tratar de influir en las relaciones bilaterales de sus miembros ante las posibles amenazas a sus intereses geopolíticos.  

  

Modificado por última vez enJueves, 04 Diciembre 2014 13:46

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