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Libertad, igualdad y fraternidad. Por Luis Domenianni. Destacado

Paris. Paris.

Francois Hollande, el presidente de Francia, fue contundente desde lo semántico ¿Lo será también desde lo fáctico? ¿Y qué hará el resto del mundo, además de declaraciones de solidaridad? Solo son dos de los numerosos interrogantes que emergen tras los sangrientos ataques terroristas, reivindicados por Estado Islámico (EI) y perpetrados en Paris, Francia.


Al momento del cierre de la presente columna, los muertos suman 128 y los heridos 257, 80 de ellos en estado de gravedad algo que presagia la posibilidad de un incremento del número de fallecidos.
Solo el atentado –cuatro atentados simultáneos- llevados a cabo en Madrid, el 11 de marzo de 2004 –recordado como el atentado de Atocha por la estación de trenes de la capital española- supera, por ahora, el número de víctimas fatales que totalizaron 191 en aquel entonces.
Tras los hechos, las definiciones del presidente Hollande fueron significativas: "Lo que se produjo ayer en Paris y en Saint-Denis –suburbio de la capital francesa- es un acto de guerra y, frente a un acto de guerra, el país debe tomar las decisiones apropiadas".
Y prosiguió: "Un acto cometido por un ejército terrorista, Daesh –acrónimo en árabe de Estado Islámico- contra lo que somos, un país libre que habla al conjunto del planeta. Un acto de guerra preparado, planificado, desde el exterior, con complicidades exteriores que la encuesta permitirá establecer. Un acto de barbarie absoluta".
Poco después, Estado Islámico (EI) emitió un comunicado, difundido por las redes sociales: "ocho hermanos –de religión y de djihad- provistos de cinturones de explosivos y armados con fusiles de asalto atacaron blancos cuidadosamente elegidos en el centro del Paris".
En lenguaje místico, propio de los comunicados del EI, afirma que "un grupo, divorciado de la vida aquí abajo, avanzó hacia el enemigo, buscando la muerte en el sendero de Allah, socorriendo su religión, su profeta y sus aliados y deseando humillar a sus enemigos".
Prosigue: "Fueron verídicos con Allah, los consideramos como tales. Allah conquistó a través de sus manos y sembró el temor en el corazón de los cruzados en su propia tierra".
Luego habla de los "ocho hermanos" citados más arriba y de los atentados en el "corazón de Paris, el Stade de France en ocasión del partido entre los dos países cruzados, Francia y Alemania, al que asistía el imbécil de Francia, Francois Hollande, el Bataclan donde se juntaron centenares de idólatras en una fiesta de perversidad y otros blancos en el décimo, undécimo y décimo octavo arrondissement –las subdivisiones de Paris-, de forma simultánea".
Y finaliza: "A Francia y a los que la siguen, deben saber que quedan como los principales blancos del Estado Islámico y que continuarán a olfatear el olor de la muerte por encabezar la cruzada, por osar insultar al Profeta, por vanagloriarse de combatir el islam en Francia y por golpear a los musulmanes, en tierras del Califato, con sus aviones que de nada sirvieron en las calles malolientes de Paris".
"Este ataque es solo el comienzo de una tempestad y un aviso para aquellos que quieran meditar y extraer enseñanzas".
Causas
En casos como el de los atentados de Paris, hablar de causas no significa hablar de justificativos, sino de antecedentes. Nada puede justificar la masacre de cientos de inocentes desarmados que lejos, muy lejos, están de la toma de decisiones políticas en un país, salvo al momento de emitir el voto.
Y es allí donde hace falta distinguir terrorismo de cualquier otro tipo de hecho armado con características no asimilables a los denominados delitos comunes.
Suele ser particularmente muy delgada la frontera entre terrorismo y violencia o empleo de la fuerza.
Hay casos claros y casos que generan dudas. Por ejemplo ¿Es un ataque –con fines políticos- a una institución militar o de seguridad de un Estado, un hecho terrorista? A priori, parece no serlo. Se trata de instituciones preparadas para la lucha armada
¿Lo es si se trata de una institución civil del Estado? Todo indica que sí. Un ataque a un ministerio o a una agencia recaudatoria o a una casa de altos estudios o a una empresa pública, no es un ataque a una institución militar, ni a un objetivo militar. Nadie está allí en capacidad de defenderse. Por lo tanto, el objetivo de dicho ataque parece ser atemorizar, aterrorizar a la población. Ergo, es terrorismo.
En el caso de los ocho ataques simultáneos en Paris y Saint-Denis, no cabe ninguna duda. Y si alguien pensara en darle características militares al ataque, la lectura del comunicado de Estado Islámico, no deja margen alguno.
Por tanto, primera conclusión: los ataques en Paris son producto del terrorismo. Aunque parece obvio, vale tener en cuenta la afirmación para analizar la continuidad del proceso, algo que haremos más abajo.
¿Por qué Francia? Es una pregunta muy difícil de responder. Sin duda la activa presencia militar francesa en la coalición que encabeza Estados Unidos dedicada a combatir, principalmente, a Estado Islámico en Siria y en Irak, parece determinante. Lo es, pero no del todo.
A ver, el 30 de setiembre pasado aviones cazabombarderos Rafale de la Fuerza Aérea Francesa efectuaron su primera misión de bombardeo sobre territorio sirio ocupado por Estado Islámico. Hasta ese entonces, solo habían actuado sobre territorio irakí.
Varios testigos afirman que en Le Bataclan, mientras disparaba sobre los asistentes indefensos, uno de los terroristas gritaba "esto es por Siria". En aquel momento, para justificar su actividad militar en Siria, el gobierno de Hollande alegó legítima defensa. Aseguró que, allí, Estado Islámico entrena terroristas que "luego actuarán en Francia".
Pocos días después, el gobierno decidió ampliar la capacidad de bombardeo aéreo –los seis Rafale con base en Emiratos Árabes y seis Mirage con base en Jordania- con el envío a la zona del portaaviones nuclear "Charles De Gaulle".
Suficientes antecedentes para estar alerta ante una posible respuesta de Estado Islámico. Sobre todo si se tiene en cuenta que los "djihadistas europeos" que engrosan las filas de la organización fundamentalista islámica, o retornan –cuando pueden- completamente decepcionados o, por el contrario, regresan para formar células dormidas aptas, precisamente, para el terrorismo.
Inteligencia
¿Por qué entonces el Estado francés y sus servicios de inteligencia y de seguridad fallaron en prevenir y desactivar nada menos que ocho ataques simultáneos en la capital de la República?
Es una pregunta sin respuesta sobre la que conviene permanecer atento. Se repite, pues, el mismo interrogante que se formuló cuando, a principios del 2015, se produjo, simultáneamente, la masacre en el semanario Charlie Hebdo y en un supermercado "kosher" de Paris.
Poco tiempo después, a modo de justificación, el gobierno francés dio a conocer, de manera imprecisa, algunos intentos de atentados desbaratados gracias a la acción de la inteligencia y la seguridad.
Sin poner en duda lo anterior, la explicación de lo ahora ocurrido parecerá harto más dificultosa. Ahora, los terroristas involucrados en los atentados fueron ocho que, además, actuaron coordinadamente en materia geográfica y cronológica.
Todos fueron provistos de cinturones con explosivos –siete de los ocho se detonaron-, modalidad hasta ahora nunca empleada en Francia y quienes tiraron en Le Bataclan y en las terrazas de los cafés atacados, usaron fusiles automáticos Kalachnikov, más conocidos como AK 47.
A primera vista, demasiados elementos para no ser detectados por los servicios franceses, cuyo alerta fue doblegada tras las decisiones de la intervención en Siria.
Y no se trata solo de cargar las culpas sobre la DGSE, la Direction Générale de Sécurité Extérieure, se trata de abarcar al resto de los servicios de inteligencia y seguridad, al menos los de aquellos países cuyos gobiernos están involucrados en actividades militares contra Estado Islámico.
¿Nadie detectó nada? Según la inteligencia francesa, el país corría serios riesgos. En particular, las salas de concierto como Le Bataclan. Según dejaron trascender, cinco intentos fueron desbaratados desde junio a esta parte.
No del todo demasiado creíble dado que la intervención de Francia en Siria data del último día de setiembre. Y el más reciente de esos intentos, debía ocurrir en la sureña ciudad de Toulon –puerto militar- hace pocos días.
Después de lo de Charlie Hebdo, Francia tomó varias resoluciones sobre la materia. Entre ellas, varias modificaciones a la Ley de Inteligencia. Por ejemplo, las escuchas directas sobre ámbitos privados y la vigilancia informática en tiempo real.
Además, mil puestos laborales –no todos ocupados- fueron creados en distintos organismos de seguridad que conforman la Diréction Générale de Sécurité Intérieure para prevenir y actuar frente a la amenaza djihadista.
Hoy, las excusas –valederas o no- sobran. La Sécurité Intérieure dice que solo vigila a quienes conforman "le haut du spectre". Es decir, 1.500 personas implicadas en las redes de la djihad en Irak y en Siria. De su lado, el archivo de los señalados como personas radicalizadas en materia de terrorismo, creado en marzo pasado, abarca 11 mil nombres.
Así, solo son vigilados algunos de los casos de quienes retornan de Irak y Siria. La red no está suficientemente cerrada y, aluden, que muchos terroristas en potencia se cuelan por ella.
Post ataque
Para ensayar un anticipo de lo que vendrá, vale la pena analizar los contenidos de dos informaciones: el comunicado de Estado Islámico y las declaraciones del presidente Francois Hollande.
El comunicado del grupo djihadista es más que claro. Reivindica el terrorismo. Ensalza y pone como ejemplo a los suicidas. Califica a Francia como blanco de sus ataques futuros.
Todo indica que los atentados suicidas continuarán. Tal vez, la única interpretación distinta deba tenerse en cuenta en función del párrafo donde acusa a Francia por atacar a los musulmanes en tierras del Califato, con sus aviones.
Y la interpretación está dada por el "contrario sensu": ¿Si los aviones no atacan más es posible imaginar que cesará la amenaza terrorista?
Difícil de aseverar y mucho más difícil tomar una decisión en ese sentido. Primero, porque no es fácil para Francia abandonar sus compromisos internacionales. Segundo, porque no parece sencillo negociar con Estado Islámico.
Además, Francia es un país con vocación de potencia. Una decisión de retirarse de la coalición internacional sería vista como un acto de debilidad y de temor frente a una amenaza terrorista.
Con todo, ejemplos existen. El nuevo gobierno liberal de Canadá, del primer ministro Justin Trudeau, ya informó que retirará su escuadrilla aérea de las operaciones sobre Irak. No actúa sobre Siria.
Pero, mucho más complejas resultan, para interpretar, las declaraciones de Hollande. Arranca calificando como acto de guerra a los atentados. Si se trata de un acto de guerra, existe un enemigo y ese enemigo debe ser vencido, aniquilado en el sentido militar del término que significa privado de la voluntad de combate.
Luego, el presidente francés dice que el acto de guerra fue cometido por un Ejército terrorista: Estado Islámico. Y aquí comienzan los enredos de Hollande.
Estado Islámico no es un Ejército terrorista es un Estado no reconocido por la comunidad internacional, pero Estado al fin. Y como tal, cuenta con territorio y una población a la que aplica sus leyes y de la que percibe sus impuestos.
Por tanto, si existe un estado de guerra, definición prohibida por la Carta de Naciones Unidas, esa guerra opone a Francia con Estado Islámico. Y una guerra no se gana con operaciones de seguridad interior, ni con bombardeos aéreos. Se gana con ocupación del territorio del enemigo.
Nadie imagina, no obstante, a las tropas francesas en combate para expulsar a Estado Islámico de Rakka, en Siria, o de Mosul, en Irak. Al menos nadie las imagina como consecuencia de las declaraciones de Hollande.
No es grave el empleo de conceptos equívocos cuando el que lo practica es un mero comentarista de la realidad. Lo es, en cambio, cuando se trata de un Jefe de Estado de un país que acaba de sufrir ocho atentados simultáneos.
Un punto aparte después, Hollande se torna aún más confuso. Luego de calificar a los atentados como acto de guerra y asignar su autoría a Estado Islámico, el presidente francés dice que se trató de "un acto de guerra preparado, planificado, desde el exterior con cómplices exteriores que la investigación permitirá determinar".
Hollande debiera saber que la guerra no se investiga, se la lleva a cabo. Se investigan los delitos. Si Francia está o entra en guerra con Estado Islámico será, es o debe ser, la consecuencia de una decisión política, no el pormenorizado dictamen de un fiscal.
Y en todo caso, si hace falta investigar ¿Por qué echó la culpa sobre Estado Islámico?
Francia cuenta con un presidente errático cuyas marchas y contra marchas son ampliamente conocidas. Hollande no parece estar a la altura de las circunstancias.
En lo único que Hollande es claro es en estipular que "el acto fue contra lo que somos, un país libre que habla al conjunto del planeta". Está bien pero tal vez debió decir un acto contra el legado de la revolución francesa al que miles de millones de personas del mundo prestamos adhesión.
Ese legado que nos habla de liberté, egalité et fraternité.

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