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Construcción de estado, la tarea pendiente. Destacado

Mogadiscio, la capital de un Estado que no existe Mogadiscio, la capital de un Estado que no existe

Por Gastón Aín Bilbao* 

Para clavesinternacionales.com

 

Acaba de publicarse el ranking 2014 de estados frágiles o  “fallidos”  del Fund for Peace. No presenta enormes variaciones en relación a los últimos 15 años, claro que siempre hay algunas excepciones. Ahora bien, si se observa rápidamente la evolución de este y otros índices del estilo  durante los últimos 15 años se pueden extraer al menos cuatro conclusiones generales. 1) Los países se repiten, con variaciones leves. 2) En todos ellos hubo o hay misiones de Naciones Unidas y esfuerzos de la comunidad internacional orientados a estabilizar situaciones post conflicto, 3) En todos ellos hay presidentes y gobiernos más o menos democráticamente electos, salvo en el caso de Somalia que no posee estado desde 1991. 4) Todos estos países continúan experimentando situaciones de enorme fragilidad institucional, conflicto interno, ausencia de instituciones estatales, tensión y/o conflicto entre etnias, pueblos o regiones, pobreza y exclusión social extendida, desempleo, corrupción galopante y preocupantes niveles de degradación ambiental.

Como sostiene Roland Paris[1], durante todos los 90 y buena parte de los 2000, la Comunidad Internacional y las misiones de construcción de paz postconflicto trabajaron bajo el supuesto de priorizar la “liberalización”, es decir, garantizar elecciones periódicas, respeto a las libertades personales y niveles de desregulación económica. En la actualidad, el paradigma parece seguir siendo construir “democracias de libre mercado”. El supuesto que guía este razonamiento es simple: la democracia “ordena”, define quien manda y por tanto los conflictos se desplazan al campo electoral.

La fórmula híper-simplificada del modelo de intervención en países con estatalidad frágil o muy baja , en su mayoría países en situación de conflicto o post-conflicto, sería la siguiente:   Atención prioritaria a la población en riesgo ( dimensión humanitaria) al tiempo que se observa un “alto el fuego” + programas de desarme, desmovilización y reinserción (si correspondieran) +  reconstrucción física y apoyo al funcionamiento del estado + apoyo técnico, logístico y político para la organización de elecciones relativamente transparentes

Quien triunfa  tiene la responsabilidad de estabilizar, pacificar y administrar el país, siempre con apoyo de la comunidad internacional. Aquí comienzan las tareas de construcción de estado.

Un dilema evidente surge del hecho que aunque el liberalismo constituya un horizonte moral y político que motoriza las acciones de parte de la comunidad internacional, la organización de elecciones y su producto inmediato, un presidente electo con niveles de legitimidad relativos,  no contribuyen necesariamente ni a la estabilidad política de los países, ni a crear las condiciones para su desarrollo social y económico.

La competencia electoral en los contextos descriptos recrudece las contradicciones y disputas. La falta de cultura democrática y la ausencia de poderes judiciales independientes favorecen escenarios en que los presidentes intentan eternizarse a la cabeza del ejecutivo agravando situaciones de extrema fragilidad y reavivando viejas rivalidades que se encuentran en estado de latencia. Los presidentes de  República Democrática del Congo, Burundi, Ruanda, Uganda, Congo Brazzaville y Burkina Faso están sospechados por las oposiciones y parte de la sociedad civil de intentar maniobras para modificar sus respectivas constituciones a efectos de poder ser reelectos luego de haber cumplido dos periodos al frente del ejecutivo.

Resulta imposible que la democracia prospere en ausencia de un estado que garantice un orden político con un mínimo de institucionalidad. Los beneficios del proceso de normalización democrática en los que se concentra gran parte del esfuerzo y los recursos de la comunidad internacional no son sostenibles en el tiempo en contextos de ausencia estatal. El costo económico de las elecciones suele ser apenas una porción mínima del costo total de las misiones de Paz y los esfuerzos de la comunidad internacional. Haití, un país relativamente pequeño,  debe celebrar elecciones parlamentarias este año que costaran alrededor de 50 millones de dólares. La República Democrática del Congo, uno de los países más extensos de África, debe celebrar elecciones locales en 2015 que costaran no menos de 260 millones de dólares. Ambos países han estado entre los diez primeros lugares en el ranking del Fund for Peace, por más de una década.

El segundo desafío es que las misiones de construcción de estado o state building son mucho más complejas y ambiciosas que las de imposición y construcción de paz  y no resulta evidente que la comunidad internacional, a través de sus agencias de desarrollo, ni la ONU como depositaria de la totalidad de esas experiencias y dotada de la legitimidad política para acometer dicha tarea, tengan la capacidad para llevarla delante de manera relativamente exitosa. La comunidad internacional y particularmente la ONU han tenido un éxito relativo en misiones de construcción y mantenimiento de Paz. Los casos de El Salvador, Mozambique, Namibia y Camboya son prueba de ello. Es cierto que también han existido fiascos como Ruanda, Bosnia y Somalia. Pero es innegable que la capacidad y expertise para ello existe.  En el caso de construcción de estatalidad, y a pesar que la ONU fue creada en 1945, queda a cargo del lector encontrar un ejemplo más o menos exitoso de estados que hayan recuperado niveles de operatividad, legitimidad y capacidad de prestar servicios básicos, luego de procesos de apoyo y asistencia por parte de la comunidad internacional.

La realidad, al igual que los índices de fragilidad estatal,  pareciera empecinada en demostrar que la democracia, y por tanto la estabilidad, emergen en el contexto de un estado efectivo y solo pueden ser alcanzadas con un mínimo de orden político. La democracia es el último paso en el proceso de construcción del estado, y ésta no prospera ante la ausencia de una estatalidad mínima que provea un orden político.

Quizás convenga orientar todos los esfuerzos políticos, económicos y diplomáticos  a garantizar primero un mínimo de estatalidad  a través de una serie de pasos graduales en lugar de seguir contribuyendo a que se dé una “competición política y económica relativamente abierta”. El énfasis puesto en la organización de elecciones, relegando  a veces medidas que fortalezcan el estado de derecho y la independencia de la justicia, son, para algunos autores, una tendencia repetida en una lógica de “exportación de democracias liberales” hacia países o regiones menos desarrollados económicamente.



[1] “At War’s End: Building Peace after civil Conflict” Cambridge University Press, Cambridge, 2004.

 


*Especialista en Prevención  y Resolución de Conflictos. Trabajó en varios de los países mencionados para la OEA, el PNUD (Naciones Unidas) y el NDI ( National Democratic Institute).    

 


[1] “At War’s End: Building Peace after civil Conflict” Cambridge University Press, Cambridge, 2004.

Modificado por última vez enLunes, 07 Julio 2014 11:58

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