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Gran Bretaña: las condiciones para permanecer en “Europa” Destacado

La City financiera de Londres. La City financiera de Londres.

Miles de personas, aunque no las 100 mil que esperaban los organizadores, desfilaron por las calles de Londres para protestar contra las medidas de austeridad previstas por el gobierno del conservador primer ministro David Cameron.


Cuarenta asociaciones –partidos políticos, sindicatos- convocaron a la marcha contra los recortes previstos que incluyen 18.000 millones de euros en los presupuestos ministeriales y otros 17.000 millones en las ayudas sociales, el todo en los dos próximos años.
Cabe recordar que, recientemente, Cameron y los conservadores arrasaron en las elecciones inglesas, aunque no así en Escocia, ni en Gales.
La movilización tuvo demasiado "olor" izquierdista ante los problemas internos del laborismo luego de su decepcionante derrota. Al punto que, al día siguiente, el ministro de Finanzas, George Osborne, confirmó la decisión del recorte.
Es que los números de la economía británica resultan positivos. La desocupación es solo del 5,5 por ciento, o sea a medio punto de lo considerado como plena ocupación, y el crecimiento del Producto Bruto Interno fue del 2,8 por ciento para el 2014, un guarismo casi excepcional para Europa.
En el sector bancario, verdadero talón de Aquiles de la economía británica, el tándem Cameron-Osborne se encuentra a punto de iniciar el proceso de reprivatización de los bancos saneados luego de ocho años de intervención del Estado para evitar la quiebra del sector financiero.
El punto, que puede ser consagratorio para el tándem, a tener en cuenta, es que la venta del conjunto de las acciones, que hoy el Estado detenta en el sector financiero, arrojaría un beneficio para el sector público.
No necesariamente en cada operación, pero sí en el conjunto. Así, no es el caso del Royal Bank of Scotland cuyo paquete accionario pertenece en un 80 por ciento al Estado y cuya privatización se hará a pérdida en función de la caída del valor de las acciones.
Contrariamente, en el caso de Lloyds Banking Group, el mayor precio de las acciones representará un beneficio para el Estado que venderá la cartera accionaria que detenta y que representó, en su momento, un 41 por ciento del total y hoy es del 19 por ciento.
Otro bancos menores, totalmente estatizados, también generan beneficios como producto de su cartera de préstamos inmobiliarios, tales como el Bradford & Bingley o el Northern Rock.
Si el Estado británico consigue obtener una ganancia de su plan de salvataje del 2007, habrá logrado un éxito allí donde los Estados Unidos no pudieron hacerlo.
Claro que el sector financiero británico, en manos privadas, requiere de un proceso de reconversión. Como siempre ocurre en esos casos, la variable de ajuste resultan ser los trabajadores.
A la cabeza de los cortes de personal aparece el HSBC que suprimirá 50 mil empleos en todo el mundo en dos años. Pero, aunque no se mencione, la supresión tiene que ver con el menor volumen del movimiento económico, tras la pérdida de algunas "operaciones" provenientes de la ilegalidad.
Manipulación de las tasas de interés y blanqueos de dinero surgido del narcotráfico o del fraude fiscal, denunciados en el affaire Swiss Leaks, reducen sensiblemente las operaciones y determinan, en consecuencia, la reducción de personal.
De cualquier forma, la situación no es privativa del HSBC, ni del sector bancario británico. La reducción de costos operativos abarca a la mayor parte de las entidades financieras del mundo. Al parecer, la edad de oro de los bancos tocó a su fin.
Fueron los propios banqueros quienes se encargaron de matar a la gallina de los huevos de oro cuando en el afán de lucro desmedido puso al borde del abismo el sistema, mientras cobraran "bonus" con valores inconmensurables.
Resultado: la banca debió ser nacionalizada. Ahora, una nueva regulación financiera del Banco de Inglaterra amplió de siete a diez años el plazo otorgada a las entidades bancarias para reclamar a los ejecutivos el reintegro de esos "bonus". Más allá de la acción en sí, se trata de evitar tentaciones para el futuro
Mucho tienen que ver las particularidades de la City londinense con la decisión del gobierno británico de convocar un referéndum para determinar si el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte continuará o no dentro de la Unión Europea, en 2017.
Permanencia que fue planteada por la reina Elizabeth II en su discurso anual ante el Parlamento.
La pregunta será: ¿El Reino Unido debe continuar como miembro de la Unión Europea? Así formulada, permite que la respuesta positiva resulte favorable a los eurófilos.
Es, con matices de importancia, la posición del primer ministro Cameron. Quiere quedarse pero pone como condición una Europa reformada.
¿Cuáles son las demandas de Cameron?
La primera y primordial es la reducción de la inmigración proveniente de Europa del Este. En principio, Cameron pretendía imponer cuotas, pero Alemania y Francia se opusieron porque contravenía el principio de la libre circulación de las personas.
Entonces, Cameron cambió de propuesta y puso sobre la mesa su intención de eliminar las ayudas sociales para los inmigrantes europeos durante los cuatro primeros años de residencia en el Reino Unido. Habló de impedir el "turismo social". No impide la libre circulación, pero genera discriminación.
La segunda cuestión es conceptual. Gran Bretaña quiere derogar o, al menos, no aplicar la cláusula de una "unión cada vez más estrecha" que figura en el original Tratado de Roma de 1957 y que conduce a la concreción de un futuro Estado europeo supra nacional. Para los británicos, Estados Unidos de Europa, no.´
El tercer tema es la protección de la City bancaria de Londres. Para Cameron, las decisiones que toman los países que conforman la zona euro, como regulaciones financieras, por ejemplo, no deben afectar a aquellos estados que no adoptaron la moneda común. Es decir, no converger hacia una legislación común en la materia y reservar la propia jurisdicción.
Cuarto punto: el refuerzo del rol de los parlamentos nacionales. Cameron pretende que los parlamentos nacionales puedan bloquear las reglas que emanan de la Unión Europea. De momento, existe una especie de alerta que obliga a la UE a rever sus decisiones si un tercio de los parlamentos nacionales lo solicita, pero nada más.
El quinto punto del planteo del gobierno británico será el refuerzo de la competitividad europea. Es focalizado sobre la pesadez administrativa de la UE.
Los británicos pretenden profundizar el mercado único en dominios tales como la energía o lo digital y acelerar las negociaciones internacionales sobre libre comercio, en particular, el Tratado Transatlántico con los Estados Unidos.
Por último, una cuestión simbólica: la transferencia de poderes con doble dirección. Hasta el momento, los gobiernos y los parlamentos nacionales transfirieron poderes al organismo supranacional, Cameron pretende que sea un juego de ida y vuelta, con una cláusula que establezca la posible devolución de algunos de ellos a las naciones.
De momento, las respuestas alemana y francesa son negativas, pero las puertas no están cerradas.

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