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Irlanda: cambio de costumbres y superación de la crisis Destacado

Festejos por el resultado del referéndum sobre el matrimonio de personas de un mismo género Festejos por el resultado del referéndum sobre el matrimonio de personas de un mismo género

Con algo más de un 62 por ciento de votos a favor quedó resuelto el referéndum sobre el matrimonio entre personas de un mismo género en Irlanda, uno de los países con mayor tradición católica del mundo.


Un poco más de 1,2 millones de irlandeses se pronunciaron por el sí, mientras que 734 mil lo hicieron por el no.
De las 43 circunscripciones electorales en que está dividido el país, solo en la rural Roscommon-South Leitrim se impuso el voto negativo.
En el terreno práctico, el resultado implica que, en adelante, los matrimonios entre personas de un mismo género serán reconocidos por la ley como familias con todos los derechos y protecciones que la legislación otorga.
Irlanda se convirtió así en el primer país del mundo en legalizar esta particularidad matrimonial como producto de una consulta popular.
El ministro de Salud del gobierno irlandés, Leo Varadkar, abiertamente homosexual, declaró que se sentía orgulloso de ser irlandés.
Para algunos analistas, se trata de una demostración del cambio operado a través de las nuevas generaciones frente al apoyo que la Iglesia Católica recibía por los años 80 cuando el país votaba contra el divorcio y el aborto.
Ningún partido político apoyó el campo del "no". Pero no se puede considerar el resultado solo desde una perspectiva anti religiosa.
Como en Polonia hasta no hace mucho, en Irlanda, el catolicismo representaba lo nacional frente a lo extranjero. En Polonia, contra el comunismo soviético. En Irlanda, contra la ocupación de la parte norte del país por parte de Gran Bretaña.
Superados los conflictos, tanto en Polonia como en Irlanda, la sociedad giró hacia posiciones más liberales cuando ya no hizo falta enfrentar a un enemigo: los comunistas ateos en Polonia y los ingleses y sus descendientes protestantes en Irlanda del Norte.
El Acuerdo de Belfast de 1998 selló la paz en Irlanda del Norte y el catolicismo dejó de ser el elemento diferenciador frente a los británicos y los unionistas protestantes, partidarios de la continuidad de Irlanda del Norte en el Reino Unido.
Precisamente, quedó demostrado con el reciente apretón de manos del 18 de mayo de 2015, en Galway, Irlanda, entre el príncipe Carlos, heredero de la corona británica y Gerry Adams, jefe del Sinn Fein, el brazo político del disuelto Irish Republican Army (IRA) -el Ejército Republicano Irlandés- que ahora milita pacíficamente por la reunificación irlandesa.
Por otra parte, las posiciones del Papa Francisco a favor de la tolerancia representan un inicio de un cambio en la Iglesia Católica, muchos de cuyos fieles ya no observan las relaciones entre personas de un mismo sexo como pecado, sino como expresión de libertad.
Así deben leerse las declaraciones del arzobispo de Dublin, Diarmuid Martin, quizás el prelado más influyente en el país, quien señaló que la "Iglesia debe abrir los ojos" y "encontrar un nuevo lenguaje". Prácticamente, lo mismo que dice el Papa Francisco.
Y fue más allá. Reconoció que algunos miembros de la Iglesia no comprenden lo que ocurre. "Se trata de una revolución cultural", agregó. Y remató: "la mayor parte de los jóvenes que votaron por el sí, son el producto de nuestro sistema escolar católico".
La comprensión y el "aggiornamiento" que exhibe monseñor Martin, probablemente, se termine frente a quienes intentan aprovechar el triunfo del sí para apurar un nuevo referéndum sobre el artículo 8 de la Constitución que prohíbe el aborto, salvo en caso de peligro de la vida de la madre.
Favorables a la derogación, los laboristas irlandeses que cogobiernan con el centro derecha del partido Fine Gael, comprometieron llevarla adelante tras las elecciones legislativas del 2016. Allí sí se pondrá más a prueba el sentimiento religioso, en un tema en el que nadie, dentro de la jerarquía católica, está dispuesto a ceder.
En otro orden de cosas, la economía irlandesa experimenta por estos tiempos una salud envidiable para gran parte de Europa.
Es que tras las medidas de rigor sancionadas en el 2008 –levantadas en el 2014- que evitaron la casi inevitable quiebra en el 2010, superada mediante un plan de rescate internacional, el país recuperó su tasa de crecimiento del Producto Bruto Anual.
Del 0,2 por ciento registrado en 2014 pasó al imponente 4,8 por ciento para el 2014. Una tendencia que se confirma en el 2015, año para el que las previsiones anuncian un crecimiento de entre el 3,5 y el 3,9 por ciento.
Irlanda recibió los beneficios de su proximidad con dos de los motores del crecimiento occidental en el 2014: los Estados Unidos y la Gran Bretaña. Dicha "cercanía" le permitió duplicar sus exportaciones.
Sin embargo, no fue solo el comercio exterior el motor del crecimiento. El consumo interno pegó un salto de importancia que confirma el inicio de una etapa de prosperidad.
Quedaron atrás seis años de particular dureza. La consolidación presupuestaria demandó el alza de los impuestos, la creación de nuevos y la baja -11 por ciento, en promedio- del salario de los funcionarios. El conjunto representó una caída del 20 por ciento del PBI.
Fue necesario nacionalizar, total o parcialmente, todo el sistema bancario y ante el riesgo de un "default" el país debió recurrir al Fondo Monetario Internacional y a la Unión Europea.
La austeridad permitió reducir el déficit de presupuesto y, así, el país pudo salir del plan de salvataje a finales del 2013. Hoy la deuda aún representa el 114 por ciento del PBI pero fue renegociada de tal forma que su reescalonamiento posibilita un respiro aliviado en materia de finanzas públicas.
No obstante, las medidas de austeridad dejaron huellas. Como el proceso, recién iniciado, de la venta de la aerolínea de bandera Aer Lingus o la decisión del gobierno de facturar el servicio de agua potable domiciliario, hasta ahora gratuito, provocó movilizaciones populares que reunieron a varios miles de personas en Dublin, la capital del país.
Traducido al plano político, la Alianza Anti Austeridad (AAA), movimiento de extrema izquierda creado en mayo 2014, trabaja sobre estos resentimientos y aspira a ser la versión irlandesa del griego Syriza o del español Podemos.
Claro que los resultados del gobierno Syriza en Grecia harán pensar a más de uno. Aunque el relativo éxito de Podemos en España dará nuevos bríos a la formación irlandesa.
El líder del AAA es el joven Paul Murphy quien ya alcanzó una diputación. Llega un poco tarde: por la vía ortodoxa, Irlanda superó la crisis. Si su cometido continúa vigente se debe a la llamada "cisis del agua".
La AAA organiza la campaña "no way, we won't pay ", contra la reciente facturación del agua. Y, por el momento, tiene éxito. Son muchos quienes no pagan la primera factura llegada en abril y desobedecen.
En gran parte, el éxito de la campaña está vinculado con la aún alta –aunque en descenso- tasa de desocupación que es del 10,7 por ciento de la población activa. Si la desocupación cae, tanto la AAA como el Sinn Fein con un programa de izquierda parecido no serán protagonistas en 1014.
Caso contrario, tal vez sí.

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