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Gran Bretaña: Brexit, dolor de cabeza para la Unión Europea Destacado

Un voto que divide Un voto que divide

A veces un holgado triunfo electoral, obnubila. No parece ser el caso del triunfador de las elecciones británicas, el primer ministro David Cameron. No habló de las razones de su éxito sino que intentó interpretar las motivaciones que determinaron el voto.


Así, para evitar un corrimiento dentro de las filas de su partido, confirmó su anuncio de llamado a un referéndum para determinar si el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte debe permanecer o no, dentro de la Unión Europea (UE). El denominado "Brexit"
Y para intentar retener a Escocia dentro del reino, al menos para que nadie le reproche su probable salida, prometió descentralizar más competencias.
La consecuencia inmediata del triunfo del Partido Conservador de Cameron fue la salida de los Liberales-Demócratas del gobierno. Ya no hacen falta sus ocho diputados, resto de un contingente de 56 que fueron barridos en los recientes comicios.
A Cameron le alcanzan sus 331 diputados para gobernar en solitario, para formar un gobierno conservador puro. Y es lo que hizo.
Cuatro ministros conservadores resultaron intocables. Se trata de George Osborne, ministro de Finanzas con el rango de segundo jefe del gobierno; de Teresa May, ministro del Interior; de Philip Hammond, ministro de Exterior y de Michael Fallon, ministro de Defensa.
Los cambios solo abarcaron a los salientes ministros liberales-demócratas y a una ministra que perdió su banca. El alcalde de Londres, Boris Johnson logra status ministerial como integrante del gabinete del primer ministro, pero dedicará su tiempo a administrar el último año de mandato en la ciudad.
Respecto del referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea, Cameron continúa sosteniéndolo, pero él se coloca en la posición de quién prefiere la permanencia bajo ciertas condiciones.
Supedita su actitud final a los dos cambios que persigue: un endurecimiento de los controles en materia de inmigración y una mayor protección de los intereses financieros de la City londinense.
Por lo primero, el primer ministro busca quitar aire al United Kingdom Independent Party (UKIP) que si bien solo conquistó una banca de diputados, logró más de un 12 por ciento de los votos totales.
Al explicitar su posición, Cameron se diferencia del UKIP –intransigentemente anti europeo- sin aflojar en la cuestión central que hace a la vigencia del UKIP: la de la inmigración.
Pero el principal problema a enfrentar está en la franja euro escéptica del propio conservadurismo. Sesenta diputados acaban de solicitar a Cameron un nuevo poder para la Cámara de los Comunes: el de vetar cualquier nueva ley europea.
Antes con los liberales-demócratas pro europeos en el gobierno, los bríos de los euro escépticos se morigeraban. Ahora, sin los socios, puede ocurrir todo lo contrario. De los 331 diputados conservadores, 100 resultan intransigentes a la hora de hablar de Europa.
Para comenzar, la idea de cuánto es posible acordar con la UE y cuánto no debe precisarse. De allí que Cameron enviará a Bruselas, desde donde esperan saltar a Berlin, a Osborne y Hammond para negociar con Angela Merkel o quien ella designe.
El punto pesado de la negociación es la restricción a la libertad de circulación de los trabajadores de los países integrantes de la UE.
Al respecto, la confirmada e influyente ministra del Interior, Teresa May, declaró su desacuerdo con la posición de la representante para las Relaciones Exteriores de la Unión Europea, la italiana Federica Mogherini.
Para Mogherini, deben implementarse cuotas de recepción de inmigrantes a fin de aligerar las cargas sobre su propio país, Italia, por ejemplo. Para May, hay que reenviar a los inmigrantes al África y mantenerlos en centros de recepción pero no dejarlos cruzar.
Para la discusión en el seno de la UE, Gran Bretaña cuenta con el apoyo de Hungría. En todo caso, Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca no firmaron los instrumentos sobre política común respecto de la inmigración y, por tanto, no se sentirán obligados por las resoluciones de la UE.
Por lo segundo, la defensa de los intereses de la City, Cameron demuestra que es un conservador. La City financiera reemplaza hoy al sector agrícola como fuente de votos para el conservadurismo y Cameron lo sabe.
Y también lo es en materia de seguridad. Si los liberales hacen de las libertades individuales una bandera, los conservadores le anteponen siempre la seguridad y el "interés nacional". Es lo que hará precisamente el tándem Cameron-May con el endurecimiento de la legislación sobre el control de Internet, ahora que los liberales quedaron fuera del gobierno.
Para los eternos rivales de los conservadores, los laboristas, el resultado fue un rotundo fracaso. Con 232 bancas es el peor resultado alcanzado desde 1987. Sin dudas, pagan el precio de haber hecho campaña contra el independentismo escocés durante el 2014 cuando fue celebrado el plebiscito sobre la independencia escocesa.
El laborismo es tradicionalmente muy fuerte en Escocia. Es más, cuenta con Escocia para equilibrar a los conservadores, generalmente mayoritarios en Inglaterra. Pues bien, de los más de cuarenta diputados escoceses con que contaba, quedó reducido a solo uno. Hoy, son 56 de 59 los asientos parlamentarios que quedaron en manos del Scotish National Party (SNP), el partido de la independencia.
Otro desastre fue el de los liberales-demócratas que vieron reducida su representación de 57 legisladores a solo ocho.
Como era de esperar, Ed Miliband, el jefe de los laboristas; Nick Clegg, el jefe de los liberales y Nigel Farage, el del UKIP, se fueron a sus respectivas casas.
Solo estaba en condiciones de volver Farage, porque su derrota se debió al sistema electoral, dado que su partido no solo representó el 12,5 por ciento del electorado, sino que se convirtió en el tercer partido más votado de Gran Bretaña, algo sobre lo que Cameron tomó debida nota. De hecho, su renuncia fue rechazada por la dirección del UKIP.
Tanto el UKIP como los verdes, aunque solo pueden ser sumados bajo la categorización de pequeños partidos, obtuvieron en conjunto 5 millones de votos, sin embargo solo contarán con dos legisladores en el Parlamento de Westminster. Uno cada uno. Con un sistema proporcional el UKIP habría consagrado 81 legisladores.
Sin dudas, se trata de un sistema hecho para favorecer a los grandes partidos y a los partidos "étnicos". Así, el Playd Cimru, el nacionalismo galés con solo algo más de cien mil votos obtiene tres diputados frente al único legislador del UKIP, partido que decuplica al Playd Cirmu en votos.
En el laborismo, no solo Miliband será reemplazado. También quedará abandonado el neo izquierdismo que había recuperado el poder tras el largo período del ex primer ministro Tony Blair. Ahora, los herederos de Blair se frotan las manos, en particular quienes cuentan con las mayores posibilidades de quedar a cargo: Chuka Umunna y Liz Kendall, los dos principales.
Y queda Nicola Sturgeon, la jefa del independentismo escocés que hoy cuenta con 56 diputados en el Parlamento británico para luchar por la independencia de Escocia de la Gran Bretaña.
Sin dudas la elección constituye un nuevo impulso para un independentismo que perdió, hace un año un plebiscito, cuando el sí a la independencia solo obtuvo el 45 por ciento de las voluntades.
De momento, parece que Sturgeon piensa... esperar. Probablemente, hasta el 2017, cuando Cameron deba cumplir con su promesa de consultar sobre el futuro del Reino en la UE. Salvo que el referéndum sobre Europa sea adelantado, algo no descartable.
Si los ingleses votan salir, los escoceses que van a votar quedarse, habrán encontrado la excusa para reiniciar el proceso de separación.
Tranquilo desde el costado económico, Europa y Escocia serán las cuestiones no resueltas que marcarán la agenda política británica, con Cameron como primer ministro, de manera continuada. Y la cuestión escocesa puede adelantarse.
Sencillamente porque nadie tomó conciencia aún –es imposible hacerlo en tan poco tiempo- del "tsunami" independentista. Y aunque, prudente, Sturgeon no olvida de repetir que no se trata de un mandato sobre la independencia, ni sobre la organización de un nuevo referéndum, pero el tenor del triunfo pone, por propio peso, el sentido de dichas afirmaciones en tela de juicio.
Con menor necesidad de prudencia, el ex líder independentista y ahora diputado al Parlamento británico, Alex Salmond, calificó a los comicios como "un nuevo punto de partida". Salmond se refería, claramente, a la independencia.
Fue claro cuando enumeró recuerdos. Dijo que "casi nadie pensaba ver la existencia de un parlamento escocés y ese parlamento está; luego que nunca existiría un gobierno escocés y existe; por último, que nadie imaginó una mayoría independentista y ahí está".
¿Cuáles son las competencias que Cameron trasladará al gobierno autónomo escocés? Con semejante panorama, tal vez, hasta la autonomía fiscal plena.
Cameron negocia ahora, en Escocia –todo un gesto- la transferencia de competencias. El resultado de esa negociación quedará incluido en el programa legislativo del nuevo gobierno de cuya lectura ante el Parlamento se ocupa tradicionalmente el monarca británico, en este caso la reina Elizabeth II, el próximo 27 de mayo.

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