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Rusia: el audaz paso de la Unión Europea frente a Gazprom Destacado

Comisaria europea Margrethe Vestager Comisaria europea Margrethe Vestager

Dos visitantes extranjeros fueron recibidos, en el Kremlin, por el presidente Vladimir Putin. En ambos casos, las visitas fueron presentadas como un desafío a Occidente. Se trató del primer ministro griego, Alexis Tsipras, y de la presidente argentina, Cristina Kirchner.


Pero el punto particularmente inquietante para la política exterior rusa y, como consecuencia, para su economía fue la increíble –por lo audaz- decisión de la Unión Europea de abrir un proceso legal contra la empresa rusa para estatal Gazprom por abuso de su posición dominante.
Es que Gazprom maneja el 30 por ciento del gas que los países europeos importan. Y dicha posición de predominio fue utilizada para imponer condiciones leoninas a varios países miembros de la Unión Europea.
Si bien la Comisión Europea presentó, por boca de su comisaria sobre la Competencia, la ex ministro de Economía danesa Margrethe Vestager, 47 años, la decisión como una cuestión técnica, a nadie escapa que se trata de una respuesta a los desafíos que Putin lleva adelante.
Desde la ilegal anexión de Crimea, amputada a Ucrania, un país europeo, hasta la situación en el este ucraniano con una presencia y una asistencia militar rusa que solo Putin y su gobierno niegan, pasando por la relación "amorosa" con la Grecia deudora y en bancarrota que intenta no pagar, conforman demasiados contenciosos como para imaginar como una mera cuestión técnica a la decisión sobre Gazprom.
¿Cuál es la posición abusiva de Gazprom? En particular, la fijación de precios a algunos países del ex bloque soviético que no guarda ninguna relación con los costos de producción. Los países perjudicados son Hungría, Bulgaria, República Checa, Polonia, Eslovaquia, Estonia, Letonia y Lituania.
Peor aún, en dos casos, Bulgaria y Polonia, Gazprom amenazó directamente con el corte del suministro si los gobiernos de esos países no colaboraban con proyectos respaldados por la empresa para estatal. Traducido: con proyectos de interés para el gobierno ruso.
Este tipo de chantaje es posible porque el Estado ruso controla el 50,23 por ciento del paquete accionario de la empresa.
Los cargos que, en caso de comprobación, pueden significar hasta una multa equivalente al 10 por ciento de la facturación, son: división del mercado del gas para dificultar el libre flujo entre los estados miembros de la UE; imposiciones para impedir la diversificación del suministro; los precios; y la vinculación de los contratos actuales con otros contratos a largo plazo de suministro de petróleo.
¿Qué es Gazprom? Pues es el diamante del Estado ruso. Se trata de una empresa creada en 1989 en pleno derrumbe de la Unión Soviética. Sus beneficios netos fueron en 2013 de algo más de 33 mil millones de euros. El valor de la empresa es de 64 mil millones de euros.
Sus actividades equivalen al 8 por ciento del PBI ruso y aportan una quinta parte del Presupuesto del Estado. Emplea a 430 mil trabajadores. Y la dirige Alexei Miller, un amigo y colaborador de Putin en el ayuntamiento de San Petersburgo durante la década de 1990.
De momento, Putin guarda silencio aunque la compañía expresó que se trata de denuncias infundadas y que espera un acuerdo intergubernamental. En todo caso, la comisaria Vestager le quitó de antemano a Putin el argumento político: una semana antes inició un procedimiento similar contra la norteamericana Google.
Resulta impensable imaginar que Putin cederá así como así. No parecer reunir las condiciones para ello. Si bien Gazprom es la empresa del "monocultivo" en que ha caído Rusia con su dependencia de la exportación de energía, Putin maneja criterios de potencia.
Por tanto, es muy probable que redoble la apuesta. Claro que necesita cuestiones de envergadura para hacerlo. Bastante más que la visita de una presidente argentina en fin de ciclo o de un primer ministro griego con inmensas dificultades económicas.
De allí que la imaginación lleva nuevamente a Ucrania. Y en Ucrania, dos pueden ser los objetivos para reiniciar la lucha a medida que las condiciones climáticas mejoran con el fin del invierno.
Para los rebeldes ucranianos, se trataría de completar la conquista de las provincias de Donetsk y de Luhansk, donde la mayor parte del territorio continúa en manos del Ejército ucraniano.
Para el gobierno ruso, el objetivo estará en conseguir una continuidad territorial con la anexada Crimea a través de la conquista de una franja costera en el Mar Negro que necesariamente lleva a la ocupación del gran puerto ucraniano de Mariupol.
El gobierno ucraniano celebró la decisión de la Unión Europea frente a Gazprom que representará un problema para las alicaídas finanzas rusas, pero insistió en la cuestión del armamento. Juzga como muy difícil contener una eventual ofensiva primaveral.
Putin recibió en el Kremlin a la presidente de la Argentina, Cristina Kirchner. Para el presidente ruso fue un casi un mero momento de incomodar a su par norteamericano Barak Obama quién frente a la díscola y cambiante mandataria solo se dedica a aguardar la fin de su mandato en diciembre de este año.
El presidente ruso también sabe de la escasez de tiempo que le resta a la presidente Kirchner. De allí que el encuentro fue foto y promesas, cuyo cumplimiento dependerá de las decisiones del próximo gobierno argentino.
Se habló de tecnología nuclear, de la construcción de una estación espacial en territorio argentino, de centrales hidroeléctricas, de comercio exterior con pagos en rublos o en pesos y de muchos otros temas, inclusive de la realización de ejercicios conjuntos entre militares de ambos países.
También se habló del yacimiento petrolero Vaca Muerta que requiere inmensas inversiones para su explotación. Todo pensado para la propaganda en ambos países. Para consumo interno. Al menos, hasta diciembre del 2015 cuando en la Argentina asuma un nuevo gobierno, sin Cristina Kirchner como presidente.
El otro visitante fue el primer ministro griego Alexis Tsipras. Fue en Rusia mucho más publicitada que la visita de la presidente argentina. Es que Tsipras se encuentra en pleno conflicto con la Unión Europea en función de sus intenciones de no pagar la deuda de su país.
Claro que, como a Kirchner, Putin a todo le dijo que sí, menos a prestar dinero. Es más fue Tsipras quien terminó en gasto con la promesa de compra de misiles rusos para equipar el sistema de baterías S-300, el mismo que ahora Rusia decidió vender a Irán. Se trata de misiles de medio alcance -200 kilómetros- aptos para derribar aviones u otros objetos voladores.
La decisión de levantar el embargo de armas frente a Irán contradice la aún vigente resolución 1929 del año 2010 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
El gobierno ruso, por boca de su ministro de Relaciones Exterior, Serguei Lavrov, pretexta que se trata de una nueva situación tras la firma del acuerdo-marco nuclear con Irán.
Rusia tiene pendiente el cumplimiento de un contrato para suministro de S-300 por un valor de 800 millones de dólares del 2007 que no cumplió y que fue "congelado" en 2010 ante presiones de Estados Unidos e Israel.
Irán presentó al respecto, ese año, una demanda ante el Tribunal de Arbitraje de Ginebra por incumplimiento de contrato contra la empresa exportadora Rosoboronexport.
Sin dudas, en la cuestión iraní, Putin toma la delantera frente a sus competidores occidentales. Se da por descontado que las sanciones contra Irán serán finalmente levantadas, algo que dará lugar a la celebración de contratos multimillonarios. Putin, otra vez, ganó de mano.
Al cumplir 15 años de gobierno, como presidente y como primer ministro, la televisión rusa mostró un documental sobre Putin, donde el presidente se felicita por la recuperación del país, donde acusa a los Estados Unidos de apoyar a los rebeldes islámicos del Cáucaso y donde aseguró que Rusia no viola el derecho internacional en el conflicto de Ucrania.
Nuevamente el doble juego. Lo que vale para Crimea, Donetsk y Luhansk para Ucrania no vale para Chechenia frente a Rusia. En el primer caso, autodeterminación de los pueblos. En el segundo, nada de autodeterminación. Clásica contradicción del imprevisible populismo.
El próximo 9 de mayo Rusia celebrará el 70 aniversario de la victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi. Invitados líderes de todo el mundo, serán pocos quienes concurrirán y casi ninguno de los dirigentes de los países occidentales en virtud de la situación en Ucrania. Un desaire para el presidente Putin.
Por su parte, los motociclistas de Lobos por la Noche, una organización ultra nacionalista rusa que cuenta con el financiamiento del gobierno y que recluta combatientes para los separatistas pro Rusia de Ucrania, fueron impedidos de ingresar a Polonia.
Intentaban llegar a Berlin para festejar, en una franca actitud provocativa, el triunfo del Ejército Rojo. El gobierno polaco que cada día desconfía un poco más de Putin y los suyos, no los dejó pasar.
En Moscú, el Ministerio de Justicia decidió excluir como partido político reconocido al Partido del Progreso del opositor Alexei Navalny. Razones: cualquiera. Intervención judicial: ninguna. Autoritarismo, para variar.
La decisión surge diez días después del anuncio de la formación de una alianza electoral entre el Partido del Progreso y el RPR-Parnas, la formación política del asesinado Boris Nemtsov. En solo 10 días, a dicha alianza se unieron 6 partidos políticos más. Entre ellos, el Open Russia del ex oligarca exiliado Mikhail Khodorkovski.
Por último, una nave espacial "carguero" rusa, Progress M-27M que se dirigía a abastecer la estación orbital internacional habitada, salió de órbita y está fuera de control con grandes posibilidades de caer, desintegrada, sobre la Tierra.
Un fracaso para la industria aeroespacial rusa.

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