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Ucrania: un cese el fuego que funciona… mientras funciona Destacado

Gobernantes Aleksandr Lukasenko, Vladimir Putin, Angela Merkel, Francois Hollande y Petro Porochenko reunidos en Minsk, Bielorrusia. Gobernantes Aleksandr Lukasenko, Vladimir Putin, Angela Merkel, Francois Hollande y Petro Porochenko reunidos en Minsk, Bielorrusia.

Mal que bien, el cese el fuego acordado en Minsk, Bielorrusia, para detener las operaciones militares en el este ucraniano, funciona. No obstante, es de una fragilidad tal que nadie apuesta en demasía sobre su duración.


Y es que todo el mundo desconfía de las intenciones del presidente ruso Vladimir Putin. La reivindicación del Imperio Ruso –zarista o soviético, lo mismo da- parece ser el objetivo y el justificativo del gobernante ruso.
De allí que lo de Ucrania, más se asemeja a un comienzo que a un final. De hecho, aunque con menor intensidad los disparos continúan y se registran nuevas muertes, particularmente de soldados ucranianos.
Antecedentes sobran. Putin liquidó a sangre y fuego la pretensión chechena de una Chechenia independiente. Putin logró fraccionar a Georgia con las "independencias" de Abjasia y Osetia del Sur. Lo mismo hizo con Moldavia, cuando reconoció, alentó y financió el separatismo de Transnistria.
Obviamente, el zenit del expansionismo putinesco fue la anexión, lisa, llana e ilegal, de Crimea. El cuadro se completa con el apoyo en armas y hombres al "independentismo" pro ruso de zonas de las provincias ucranianas de Donetsk y Luhansk.
Sin dudas, los rebeldes, apoyados por Putin, se las arreglarán para, en algún momento, continuar la ofensiva y ocupar lo que resta de los oblast –provincias- de Donetsk y Luhansk en manos ucranianas. Por ejemplo, el estratégico puerto sobre el Mar Negro de Mariupol.
El 24 de febrero, Novaya Gazeta, un sitio informativo ruso en Internet, publicó un documento donde queda de manifiesto que el gobierno ruso elaboraba planes para la anexión de Crimea y el Donbass (Donetsk y Luhansk) incluso antes de la caída –hace un año- del presidente pro ruso Viktor Ianukovitch.
Dicho documento remitido al Kremlin "entre el 04 y el 12 de febrero de 2014" incitaba al gobierno ruso a lanzar una importante operación de desestabilización en Ucrania con el objetivo de la federalización del país y la unión de algunas regiones con Rusia, en particular Crimea, mediante la organización de referéndums.
Según Novaya Gazeta, el muy rico hombre de negocios ruso Konstantin Malofeev habría sido uno de los redactores del documento. Malofeev es señalado por los países occidentales como el financista de los separatistas pro Rusia y, por ello, es uno de los oligarcas alcanzado por las sanciones occidentales.
Entre lo que efectivamente ocurrió y el contenido del documento existen muchísimos puntos de coincidencia. Por supuesto, el gobierno ruso lo declaró falso y Malofeev afirmó que iba a recurrir a la justicia.
La caída de Debaltsevo, días después del acuerdo de Minsk 2, pone en evidencia que el cese el fuego es solo una tregua momentánea. Putin demostró su poder de fuego, los occidentales le contestan con palabras. La tregua durará... hasta que se rompa.
Ucrania es una prueba que los occidentales se empeñan en minimizar. Si Putin logra el objetivo de desmembrar Ucrania –mucho no le falta- habrá demostrado dos cosas: que Estados Unidos le teme y que la Europa unida es un proyecto inviable que debe ceder el lugar a los nacionalismos.
Adherentes occidentales a esta teoría no es lo que falta. Partidos populistas con lenguaje de de derecha o de izquierda, según las circunstancias, pululan por Europa y uno de ellos, Syriza, acaba de llegar al poder en Grecia. Casi todos en muy buena relación con el gobierno ruso.
De allí la importancia adicional de sostener a Ucrania. Y sostenerla significa ayudarla a mantener a flote su economía y proveerla de armas con las que defenderse del próximo avance de los pro rusos de Putin en el este ucraniano.
Precisamente, uno de los puntos débiles del estado ucraniano, además de la defensa, es la economía al borde del colapso. Recientemente, el Banco de Ucrania debió elevar, casi salvajemente, las tasas de interés para frenar las corridas hacia las divisas extranjeras.
Junto con todo tipo de restricciones al mercado cambiario, la suba de las tasas logró frenar, de momento, la depreciación de la hryvnia, la moneda ucraniana, y hasta logro revaluarla. Pero, no será por largo tiempo. Toda restricción sirve en un momento y no mucho más.
Ucrania está en negociaciones con el Fondo Monetario Internacional para mantener a flote su economía. Debe eliminar los subsidios que iban a parar a los bolsillos de los oligarcas amigos del régimen anterior y debe sostener el esfuerzo de guerra. No es menor.
Sostener a Ucrania no significa sostener su propia variante nacionalista como pretende hacer creer el gobierno ruso. No se trata de reivindicar las efímeras repúblicas ucranianas de 1918 a 1922, ni al Ejército Insurreccional Ucraniano que peleó en contra de los soviéticos, aliado, durante un tiempo, con los nazis. Viejas historias que le permiten a la propaganda soviética hablar de los "fascistas del Maidán".
Hoy las líneas se movieron. Miles de ruso parlantes manifestaron en el Maidan a favor de una Ucrania libre, democrática y europea. El iniciador de las protestas del Maidan contra Ianukovitch fue un ucraniano de origen afgano de nombre Mustafá Nayyem.
El primer muerto de la revolución fue un ucraniano de origen armenio Serhiy Nigoyan. Los judíos –tres de ellos muertos en la represión- estaban en el Maidan. La mayoría de los voluntarios en el Ejército que pelean contra los separatistas del Este de Ucrania fueron reclutados... en el este de Ucrania, donde predomina la población ruso parlante.
No es la lengua la que confiere la identidad común –si así fuese Suiza no existiría y la India estallaría en mil pedazos- es la voluntad de un presente y un destino común. Es lo que enseñó Mandela en Sudáfrica o lo que predicó Martin Luther King en los Estados Unidos.
Cierto, muy cierto es que los ruso parlantes son mayoría en las tres regiones en disputa. En Crimea totalizan el 77 por ciento de la población. En Donetsk, el 75 por ciento y en Luhansk el 69 por ciento.
Pero eso no determina la voluntad popular de elección entre un proyecto euroasiático –el de Putin- basado en el autoritarismos, o el europeo fundamentado en la libertad y en la democracia.
Volvamos al cese el fuego que por estos días mejora o empeora según si se producen o no muertes violentas.
El acuerdo prevé la implantación de una zona tapón de la que las dos partes retirarán sus armas pesadas, la liberación de los prisioneros de ambos bandos, una amnistía para los combatientes y el levantamiento del bloqueo económico, impuesto por el gobierno del presidente Petro Porochenko, a las regiones separatistas.
Nada dice el acuerdo sobre el corazón de los conflictos, es decir el futuro estatus jurídico de las regiones separatistas. Cierto es que los dirigentes de esas regiones aceptaron llevar a cabo nuevas elecciones sometidas a las leyes ucranianas. Y que, en contrapartida, Ucrania aceptó proponer, antes de finales del 2015, una reforma constitucional para descentralizar el poder.
Es el plazo lo que genera la mayor desconfianza. Porque los sublevados quedan al mando y porque es todo un tiempo para armarse hasta los dientes. Putin no titubeará para armar, aún más, a los rebeldes. Occidente probablemente no entregue armas al gobierno ucraniano. Y así, ya se sabe quién gana.
Y está la cuestión de las fronteras. Es el último paso, no el primero como debería ser. Por esas fronteras ingresa el armamento y los combatientes pro rusos. Los funcionarios de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE), que tienen la misión de controlarlas, penan para si quiera alcanzar los puestos fronterizos.
Una caricatura publicada en Kiev, la capital ucraniana, pone de manifiesto la inutilidad del control. Se observa a un funcionario de la OSCE que le pregunta a un tanquista ruso que conduce un tanque ruso con uniforme ruso "es usted un soldado ruso que cruza ilegalmente la frontera para ir a combatir con los separatistas", a lo que el ruso responde "nyet".
No obstante, los gobiernos occidentales insisten en un rol preponderante para la OSCE en el control del cese el fuego.
Es por ello que el gobierno Porochenko busca la intervención de tropas extranjeras en la separación de los dos bandos. Los cascos azules de Naciones Unidas, por ejemplo. Y es por ello que acaba de decretar el cierre de todos los pasos fronterizos con Rusia, con la excepción de aquellos considerados internacionales que aún están en manos de las autoridades ucranianas.
Pero además, el gobierno ucraniano insistirá –insiste- en la necesidad de armamento y de entrenamiento para su ejército compuesto, más que nada, de voluntarios.
Si los tiempos de la tregua, aceptada por Putin para evitar nuevas sanciones, son aprovechados militarmente por Occidente para asistir a Ucrania, es posible que se reestablezca una paridad de fuerzas.
El número de muertos por el conflicto ya superó la cifra de 6 mil.

Modificado por última vez enMartes, 10 Marzo 2015 07:50

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