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Indonesia: a 50 años de una masacre que nadie quiere recordar Destacado

Sukarno y Suharto. Sukarno y Suharto.

Cincuenta años transcurrieron desde el denominado "genocidio político" en Indonesia, cuando militantes comunistas y sus simpatizantes fueron exterminados a lo largo de un año. Los cálculos no oficiales cifran los muertos en medio millón de personas.


Por aquel momento, Indonesia era gobernada por Ahmed Sukarno, el jefe del movimiento de liberación que logró la independencia del país tras su restitución como colonia a Holanda, luego de la ocupación japonesa de la Segunda Guerra Mundial.
Sukarno gobernaba apoyado sobre un trípode conformado por el Partido Nacionalista Indonesio (PNI) –su propio partido-, el NahdatulUlama (NU) –un partido islámico- y el Partido Comunista Indonesio (PKI).
Paulatinamente, con el apoyo presidencial, el PKI fue ganando influencia. Sus cuadros y militantes, además de integrar el gobierno, procedían a la expropiación de tierras.
Por aquel entonces, el PKI era el tercer Partido Comunista a nivel universal por el número de miembros, solo por detrás de los similares de la Unión Soviética y de China.
El 1 de octubre de 1965, algunos oficiales de la guardia presidencial, comandados por un teniente coronel toman algunos puntos clave de la capital del país, Yakarta, y anuncian haber dado un golpe de Estado preventivo a los efectos de hacer fracasar un intento de derrocar a Sukarno.
Al mismo tiempo, secuestran y asesinan a seis generales del alto comando del Ejército, entre ellos al jefe de Estado Mayor, Ahmad Yani. Un séptimo general, Nasutión, logra escapar en medio de la balacera pero su hija de 5 años, cae bajo las balas. Otros dos oficiales son asesinados en la ciudad de Yogyakarta.
Frente al movimiento, Sukarno guarda silencio. Pero, Nasution apoya al general Suharto –luego, por décadas, dictador de Indonesia- quién toma el control del Ejército descabezado y, en menos de 24 horas, recupera los lugares claves de Yakarta y la base aérea de Halim, el cuartel general rebelde.
Inmediatamente después, Suharto comienza a acusar al PKI de responsable del golpe. Comienza así un período de masacres de quienes eran considerados comunistas, de la que participan efectivos del Ejército, pero sobre todo milicias para militares conformadas en medios islámicos, en particular en el NU y en la otra gran organización musulmana, la Muhammadiyah.
También grupos hinduistas, mayoritarios en Bali, y católicos participan de las matanzas. El clima de extrema violencia reconoce antecedentes en los enfrentamientos políticos con los comunistas por las expropiaciones y por motivos religiosos, pero fue exacerbado por una campaña de propaganda que siguió al golpe fracasado.
Durante un año, Indonesia se ve invadida de cadáveres que aparecen en las calles, en fosas comunes, en ríos o en bosques.
Resulta difícil catalogar a las masacres como genocidio dado que no se trató de la eliminación étnica o religiosa de sectores de la población. Se trató de una violencia extrema político-social. Victimarios y víctimas pertenecían al mismo grupo étnico o religioso.
Si se habla de genocidio, es por la amplitud de la matanza que lleva a formular cálculos extra oficiales de hasta medio millón de muertos.
Hasta el momento, no se llevó a cabo ninguna investigación oficial minuciosa sobre los sucesos de 1965. Tabú durante los años de la dictadura de Suharto –reemplazó a Sukarno en 1966- y gobernó hasta 1998, recién en 2008 la Comisión de Derechos Humanos de Indonesia iniciótrabajos de recolección de testimonios y de informaciones sobre aquellos años.
Ni la sociedad indonesia, ni la justicia del país, ni los sucesivos gobiernos democráticos manifiestan interés alguno por conocer la verdad sobre las masacres. A diferencia de Camboya, Ruanda o la Alemania hitleriana, la humanidad olvidó el "genocidio político" en Indonesia.

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