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Israel: los enfrentamientos, por ahora, no llegan a ser una Intifada Destacado

Violencia en Cisjordania. Violencia en Cisjordania.

La violencia se adueñó nuevamente de los territorios de Israel y de la Autoridad Nacional Palestina. No se trata de guerra. Se trata de enfrentamientos con piedras, armas blancas y algunos disparos de armas de fuego.


Jóvenes palestinos atacan a israelíes. Jóvenes israelíes, por lo general, colonos en los territorios ocupados, responden con agresiones. Son civiles. Se trata de batallas callejeras que terminan con pedradas contra tropas israelíes y con lanzamiento de gases lacrimógenos.
Llevan varias semanas de enfrentamiento. La gran pregunta es si se trata o no de la tercera Intifada.
Para algunos analistas, si por Intifada se entiende un organizado movimiento de protesta y una violencia salida de cauce, las actuales protestas en Cisjordania no parecen alcanzar dicho nivel.
Así, por ejemplo, nadie cree que el presidente Mahmud Abbas se encuentre tras los enfrentamientos porque no tiene nada que ganar y mucho que perder. Al punto de arriesgar las estructuras y el financiamiento externo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) que preside.
Parece, más vale, un acto semi espontáneo de una juventud que no conoció la primera Intifada de 1987 pero que, aún niños, vieron el fracaso y el costo en vida de la segunda, comenzada en 2000.
En rigor, los ataques con vehículos sobre transeúntes de 2014 fueron mucho más mortíferos que cuanto ocurre en la actualidad.
Por tanto, para esos analistas, hablar de tercera Intifada es utilizar el término a la ligera, en una generalización que poco y nada tiene que ver con la realidad.
Otros coinciden en que, por el momento, no se debe hablar de Intifada pero que los actuales enfrentamientos pueden derivar en la tercera, tras la de 1987 y la de 2000.
Como razones para lo primero, esgrimen la mejoría de las condiciones de vida de los palestinos en comparación a la situación de cuando se iniciaron las dos Intifadas anteriores. Por aquellos años, precariedad y desocupación se agregaban a la falta de una perspectiva política.
También argumentan a partir de la tregua negociada entre Israel y los extremistas del Hamas que gobiernan Gaza. En rigor, esa tregua responde a la necesidad de evitar, en un escenario de combates, la infiltración de elementos de Estado Islámico que guerrean en la vecina Siria.
Pero queda un punto negro sobre el que prestar atención. Es la falta de un horizonte político, algo que exaspera a no pocos palestinos. Y esa exasperación siempre puede derivar en violencia.
Desde la diplomacia, el presidente Abbas fue claro en su mensaje ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ya no se trata de continuar con la letra muerta de los acuerdos de Oslo que preveían la creación de un Estado palestino mediante negociaciones con Israel.
Ahora, 22 años después de esos acuerdos, solo es posible la creación del Estado de Palestina mediante el reconocimiento internacional directo.
Abbas explicó que el Estado palestino debió haber visto la luz en 1999 y que desde entonces, el territorio no solo no fue desocupado sino que cada día se agregan nuevas colonias israelíes en Cisjordania.
Pero Abbas no rompe del todo. No puede hacerlo porque, entre otras cosas, repudiar Oslo implica repudiar la vigencia de la Autoridad Nacional Palestina, que preside, surgida de esos mismos acuerdos.
La respuesta del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fue un ofrecimiento de negociación sin precondiciones. Algo que equivale a decir que los palestinos deben aceptar las colonias israelíes en Cisjordania sin pretender su desmantelamiento.
Es un diálogo de sordos. Con un Netanyahu, más sordo y un Abbas que escucha de un oído. Todo el mundo sabe que no existe otra solución que el regreso a las fronteras de 1949 y la división del territorio palestino en dos Estados, uno de mayoría hebrea y otro de mayoría árabe.
Algo que los árabes –no existía el apelativo palestino- rechazaron por aquel entonces y algo que los israelíes olvidaron tras la conquista de Cisjordania y de Gaza en 1967.

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