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China: estallido de la burbuja bursátil, síntoma de debilidad Destacado

Gráfico con la caída del índice SSE de la Bolsa de Shanghai Gráfico con la caída del índice SSE de la Bolsa de Shanghai

¿Qué pasa con la economía china? Por un lado, signos alentadores, como el dato sobre crecimiento, estabilizado en un 7 por ciento. Por el otro, la cuarta rebaja consecutiva de las tasas de interés para intentar que el ritmo no se frene.


Los inversores privados no parecen entusiasmados y si la tasa de inversión se mantiene es gracias a los aportes estatales. Así, el estado acumula baja de tasas de interés junto con inversiones no del todo seguras, un cocktail que puede resultar explosivo.
Y eso es lo que muestra el desplome de la Bolsa de Shanghai. Fue una clásica burbuja especulativa. Las acciones entraron a subir su cotización en particular en el sector de servicios. Fue tal el alza que se llegaron a tomar ganancias del 154 por ciento en solo un año.
Se trataba de una confianza ciega en la potencia del Estado-partido que es China. Las grandes empresas estatales, aún a pérdida, no iban a dejar caer la actividad, imaginaron los especuladores.
Pero la fiesta terminó. Porque el gobierno no se mostró esta vez, como en otras anteriores, dispuesto a contradecir al mercado y porque se prohibieron las inversiones en acciones con endeudamiento previo.
Resultado: en un solo mes, la Bolsa de Shanghai perdió una cuarta parte de su valor. El indicador que llegó a tocar los 5.166 puntos se desplomó hasta los 3.806.
Y entonces el Estado intervino. Restituyó la compra de acciones con endeudamiento previo y, sobre todo, prohibió a los grandes inversores que detentan más del cinco por ciento de acciones de una empresa, el desprenderse de ellas en los próximos seis meses.
Como se trata de una dictadura, algo que los inversores por lo general olvidan y, muchas veces hasta se alegran, sobrevino la represión. Amenaza de encarcelamiento e investigaciones policiales para quienes apuestan a las pérdidas de los grandes grupos.
Esta vez no fueron los militantes por los derechos humanos, el objeto de la represión. Sino los "traders" y los inversores.
De aquí en más, el presidente Xi Jinping no aparecerá más como el impulsor del mercado. Y eso es malo para él en el seno del Partido Comunista chino.
Desde que asumió en noviembre del 2013, Xi avanzó en materias tales como la convertibilidad del yuan y sobre la liberalización del crédito bancario. Pero poco y nada avanzó sobre la reducción del sector público y sobre las reformas de las empresas del Estado.
¿Es competitiva la economía china? Sí, lo es. Por ahora, en función de un bajo costo de la mano de obra. Pero esa competitividad se pierde debido a la intervención estatal. Y eso no permite el relanzamiento de la economía.
Desde lo político, las novedades no son novedades. Algo que quiere decir: la represión continúa. Ahora tocó el turno de los abogados que defienden causas de derechos humanos. Por supuesto, que de algunos de ellos se ignora su paradero, tras ser detenidos por la policía.
Al asumir, Xi también se había comprometido a hacer cumplir la ley. Nada de eso ocurrió, la justicia china es una justicia completamente teñida de Partido Comunista y así disidentes, militantes de los derechos humanos o simples blogueros padecen persecución política.

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