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China: geopolítica, bancos y fútbol en la agenda de Xi Jinpeng Destacado

Selección china de fútbol Selección china de fútbol

El gobierno chino es un gobierno imprevisible. Pero no porque cometa locuras. Sino porque arma y desarma conflictos a una velocidad impensable para las propias tradiciones chinas.


En verdad, se trata de la etapa de aprendizaje para un país que pasó de un estado revolucionario, encerrado en sí mismo, a un esquema de apertura de la economía sin la correspondiente liberación del sistema político.
En síntesis, un aprendizaje de superpotencia –meta del actual sistema- cuyo interés oscila entre el nacionalismo, el libre mercado, el militarismo regional y la penetración en el mundo.
Por ejemplo, acaba de ser anunciado un encuentro bilateral entre China e India, en Nueva Dehli, para buscar soluciones al diferendo fronterizo entre ambos países, en la cordillera del Himalaya.
Se trata de una frontera de algo más de 4 mil kilómetros, mal definida, que dio origen a una breve guerra en 1962.
¿Qué tiene de problemático? Nada. Al contrario. Solo que ocurre cuando todo indicaba que China llevaba adelante una política exterior, basada en lo militar, para atender los numerosos contenciosos que mantiene en pie, en particular en el área del Mar de la China.
Solo un día antes, reunión en Seúl, Corea del Sur, de los ministros de Relaciones Exteriores de Corea del Sur, China y Japón.
Fuertes lazos económicos vinculan a los tres estados, pero las relaciones diplomáticas y políticas nunca alcanzaron la normalidad desde la invasión japonesa a China y Corea previa a la Segunda Guerra Mundial.
Estas reuniones fueron periódicas hasta el 2012, cuando dejaron de serlo después que Shinzo Abe, el primer ministro japonés, inició sus visitas al santuario shinto donde se veneran a los muertos japoneses en acciones bélicas, entre ellos a 12 condenados por crímenes de guerra.
Abe continúa en el poder. Es más, impulsa una revisión de la Constitución pacifista japonesa. No obstante, en lo que parece ser un baño de realismo China, con Corea del Sur de por medio –no Corea del Norte-, retoma las conversaciones.
Así, de pronto, China pasa a conversar "amistosamente" con sus principales rivales: India y Japón. Todo en solo dos días.
Pero, mientras tanto se rearma. Por estos días, secreto a voces, construye su segundo porta aviones. Hasta el momento, China contaba con un único navío de este tipo, el Liaoning, en operaciones desde el 2012.
Y además, invierte y mejora su fabricación de armamento. A tal punto que el país superó a Francia y a Alemania como exportador y pasó a ocupar el tercer lugar mundial.
¿A quién le vende China? A Pakistán, el rival de la India, casi el 41 por ciento de sus ventas. También a los asiáticos Bangladesh y Birmania y a varios países africanos. ¿Y la India, a quién le compra? A Rusia, el amigo de China y socio en el BRICS.
Todos estos movimientos no quitan que la atención del mundo sobre China se centra en la economía. No ya en la tasa de crecimiento, ni en el dumping o no de sus exportaciones. La cuestión pasa ahora por la competencia crediticia mundial vinculada con programas de infraestructura.
En octubre de 2013, China lanzó la idea de conformar un banco de inversión que compitiese con los demás organismos multilaterales de crédito, en particular, con el Banco Mundial y con el Banco Asiático para el Desarrollo.
Un año después, octubre del 2014, se llevó a cabo en Pekín, la capital china, la ceremonia de lanzamiento con la firma, como integrantes, de 21 países, todos ellos asiáticos.
Pero, el pasado 20 de marzo, el banco amplió sus adherentes con seis países europeos: Alemania, Italia, Francia, Luxemburgo, Gran Bretaña y Suiza. Ahora, los miembros son 32, dado que en el período se sumaron otros cinco países asiáticos. Australia acaba de anunciar que la semana próxima decidirá sobre su pertenencia a la entidad.
En síntesis, se trata del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB) que contará con un capital de 50.000 millones de dólares, mayoritariamente aportados por Chima, y cuyo objetivo declarado es financiar proyectos en el continente asiático.
El nuevo banco forma parte de la pulseada con Estados Unidos. Los chinos acusan a los norteamericanos de manejar a su antojo los organismos multilaterales de crédito y reclaman un cambio que habilite una mayor participación de otros socios.
Contra la demanda se levanta la intransigencia del Congreso de los Estados Unidos, dominado por los republicanos. La adhesión de los europeos es todo un golpe, en tal sentido, y un éxito para China.
Estados Unidos teme que el nuevo banco impulsado por China sea más "laxo" a la hora de conceder créditos a proyectos de viabilidad dudosa o que no respeten los derechos laborales o el medio ambiente.
Se trata de la segunda iniciativa china para romper con los acuerdos de Bretton Woods, de julio de 1944, que diseñaron el sistema financiero mundial actual y dieron origen al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial.
La primera de esas iniciativas fue el Nuevo Banco de Desarrollo o Banco de los BRICS, que componen Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Por ahora, también en el estadio de proyecto.
De su lado, la francesa Christine Lagarde, titular del FMI, declaró que estaría encantada de cooperar con el AIIB. Posición a la que, finalmente, llegó Estados Unidos a fin de impedir que el nuevo banco se constituya en un mero instrumento de la política exterior china.
Mientras tanto, la economía china no atraviesa una de sus mejores etapas. Alcanzar la meta propuesta para el presente año de un crecimiento equivalente al 7 por ciento del Producto Bruto Interno ya parece más un deseo que una realidad.
El primer ministro chino Li Keqiang reconoció que no solo no será fácil sino que, probablemente, resulte necesaria una estimulación por parte del gobierno. Hasta aquí nunca hizo falta. Aun cuando el crecimiento experimentó una retracción, la meta del 7 por ciento fue siempre alcanzada en años anteriores.
Por supuesto, Li no lo dice, pero todo el sistema chino de partido único y dictadura se asienta, hoy día, no sobre la represión –aunque existe- sino sobre el acceso al consumo de cientos de millones de ciudadanos.
Un descenso en el crecimiento significará la imposibilidad de continuar incrementando los salarios y de incorporar al consumo a millones de chinos que aún viven en la pobreza. Y ello, puede derivar en la protesta social.
Una protesta social diferente. Ya no la focalizada en aquellos que reclaman más libertad, sino en la disconformidad socioeconómica.
Hoy por hoy, desde Hong Kong hasta el Tibet o el Xinqiang-Uigur. Desde los reclamos por democracia hasta las cuestiones sectoriales como los reclamos femeninos contra el acoso sexual, la contestación está acotada y no corre riesgo de desbordarse.
Precisamente, China acaba de ejecutar a tres uigures y dictar prisión perpetua contra una mujer uigur, quienes fueron hallados culpables del homicidio de 31 personas y de causar lesiones a más de cien como consecuencia de un ataque con armas blancas en la estación ferroviaria de Kunming, región autónoma de Yunnan.
El proceso fue irregular en materia de posibilidades de defensa de los acusados. La minoría uigur, islámica y turco parlante, del extremo occidental de China –región autónoma del Xinkian-Uigur- es objeto de una "invasión" de hans –chinos étnicos- favorecida por el gobierno.
Se trata de 10 millones de personas, cada vez menos dispuestas a vivir bajo la férula de la dictadura china, que emigran –para satisfacción del gobierno chino- hacia Turquía y Europa, a través de un largo camino que pasa por Tailandia y Malasia.
Los uigures conforman, para las autoridades chinas de ocupación de su territorio, todo un problema que no se puede resolver solo con represión. De allí que China intenta un camino de desarrollo de la llamada "rutas de la seda".
Por ello, las empresas chinas invierten en Afganistán, un país que no termina aún el ciclo de guerras civiles que lo asolan. Sin embargo, los chinos van allí donde los soviéticos debieron huir y los norteamericanos permanecen con un contingente de tropas limitado.
China va con dinero, no con soldados ¿Tendrá éxito? Necesita alcanzarlo. Los uigures tienen demasiados contactos con los movimientos fundamentalistas islámicos y eso los hace mucho más peligrosos.
Por supuesto que hablar de autodeterminación de uigures o de tibetanos, ni por asomo. China mantiene su vocación imperialista.
La ONG China Human Rights dio a conocer un informe donde puntualiza que las violaciones a los derechos humanos, durante 2014, fueron las más graves y frecuentes desde los años 90.
Señala que el objetivo de esas violaciones, entre las que se cuentan intelectuales, periodistas y abogados encarcelados, algunos sin proceso, es "la reducción al silencio, la intimidación y el castigo para quienes luchan por la protección de los derechos de sus conciudadanos".
En estos momentos, numerosas ONG, el gobierno de Estados Unidos, el de Gran Bretaña y la Unión Europea reclaman por cinco mujeres encarceladas –ya llevan tres semanas- por solicitar públicamente medidas contra el acoso sexual.
Obviamente, el problema no son las cinco mujeres, cuya peligrosidad es inexistente. Es, en cambio, reprimir y así desalentar cualquier reclamo público.
Para el mundo, el gobierno del presidente Xi Jinping no solo se ocupa de bancos o de geopolítica. También lanza operaciones prestigio como lo hace Vladimir Putin en Rusia.
Parece que, para quedar en la historia, hace falta organizar un Campeonato Mundial de Fútbol, aún si la tradición futbolística del país no existe o si el equipo nacional masculino se ubique 83 en el ranking mundial de la FIFA, la Federación Internacional del Fútbol Asociado. El femenino está 13.
Es como la disciplina deportiva que falta, tras los éxitos en muchos otros deportes a nivel mundial y olímpico. Xi parece ser un aficionado al fútbol. Entonces... Mundial.

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