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Siria: llegó la hora de la unidad contra Estado Islámico Destacado

Combatientes kurdas Combatientes kurdas

¿Por qué todas las partes que luchan en Siria no se unen para combatir al fundamentalismo islámico? Es la pregunta del millón a la que, al parecer, solo una interpretación histórica dará respuesta.


En Siria, todo el mundo es enemigo de todo el mundo y, por cierto, nadie es santo, ni cumple con las disposiciones de la Convención de Ginebra que reglan la guerra, en particular, en lo que hace a los prisioneros.
Hay que decirlo con todas las letras, en Siria se tortura y se mata, poco importa si el enemigo se rindió o fue capturado.
Es como imaginar que durante la Segunda Guerra Mundial solo los alemanes violaban las normas. Así como bombardeaban a los civiles en Londres, los británicos bombardearon a los civiles en Dresde y los norteamericanos en Hiroshima y Nagasaki.
Cierto, los alemanes lo hicieron primero y, muy cierto, violaron masivamente los derechos humanos con judíos, gitanos, comunistas y opositores.
En Siria, los hechos de mayor barbarie los produce la versión fundamentalista de Estado Islámico, de manera muchísimo más salvaje que los que llevan a cabo la otra versión fundamentalista: el Frente Al Nosra, afiliado a Al Qaeda o el resto de los contendientes.
El salvajismo de Estado Islámico no solo tiene que ver con su islamismo extremo y desfigurado, sino que resulta un elemento de atracción para el reclutamiento de jóvenes frustrados, desocupados o simplemente malhumorados, no solo musulmanes, del resto del mundo.
Ante semejante cuadro de situación vuelve a parecer incomprensible la decisión de no combatir en conjunto al terror que propaga el fundamentalismo.
Volvamos a la Segunda Guerra Mundial, el salvajismo del nazismo hitleriano no fue para nada diferente del salvajismo del comunismo estaliniano. Inclusive ambas dictaduras fueron aliadas hasta que Hitler atacó la Unión Soviética.
Ni Gran Bretaña, ni Estados Unidos dieron la espalda a la Unión Soviética, aún si la gobernaba Stalin de manera criminal. Optaron. Eligieron entre dos demonios. Usaron aquello que dice que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.
Nadie ignoraba que la alianza solo estaría vigente frente al enemigo común. Nadie ignoraba que tras la contienda, la Unión Soviética, por un lado, y los Estados Unidos, por el otro, disputarían la supremacía en el mundo. Pero, primero fue lo primero: destruir al nazismo alemán, al fascismo italiano y al militarismo japonés.
Cierto, el régimen sirio del autócrata Bashar Al-Assad no solo atenta contra las libertades públicas sino que viola los derechos humanos y repele la rebelión con métodos –como los bombardeos con tambores de combustible- que ocasionan muchas muertes civiles.
Aun así, resulta más tolerable que Estado Islámico. Es verdad que los alauitas, la minoría shiíta a la que pertenecen los Al-Assad, detentan los mejores cargos dentro del estado, pero en la Siria de Al-Assad no se persigue a nadie por razones religiosas.
Es más Al-Assad, seguramente porque él y su familia provienen de una minoría, protege a drusos, cristianos, armenios y kurdos frente a la mayoría sunita de la población. Claro que para ello, no concede a los sunitas un espacio proporcional con su número.
Tortura sí y mata también, pero se cuida mucho de mostrar los crímenes como actos de los cuales enorgullecerse. No decapita rehenes, ni quema vivo pilotos abatidos para filmarlos y difundirlos.
Si el régimen sirio, apoyado por Rusia, Irán y el Hezbollah libanés, se uniese con los combatientes kurdos del YPG, la brigadas de defensa del pueblo kurdo que acaban de recuperar la ciudad de Kobane, apoyadas por combatientes peshmergas –kurdos de Irán-; con el Ejército Libre de Siria que sostiene y arma Estados Unidos; con otros grupos no fundamentalistas que combaten en Siria y con el apoyo de los ataques aéreos de la coalición, Estado Islámico no duraría mucho tiempo.
Cierto, la pelea inicial fue entre Al Assad y los pro democráticos del Ejército Libre. Cierto, las unidades kurdas pelean, aunque no lo declaren, en aras de un Kurdistán independiente. Cierto, los miembros árabes de las monarquías del Golfo, difícilmente participarían en la coalición si esta estuviese aliada al autócrata sirio.
Pero, aun así, hay que comprender que la división del enemigo facilita las cosas para Estado Islámico y para Al Nosra.
Ahora acaba de aparecer el Ejército del Islam. No es del todo nuevo, fue constituido en 2013, pero recién alcanzó la suficiente autonomía como para combatir por sí mismo. Se trata de la unión de diversos grupos combatientes islámicos, no fundamentalistas, que se juntaron en función del financiamiento que reciben de Arabia Saudita.
Pues bien, sin coordinación de ningún tipo, atacaron con diez cohetes a la capital siria, Damasco, desde un suburbio. La respuesta de la aviación de Assad fue contundente. Con 60 salidas, el bombardeo de represalia produjo 82 muertos, varios de ellos niños. Estado Islámico, miraba.
En una reciente entrevista de la televisión británica –BBC-, Al-Assad dijo estar informado –por terceros y citó a Irak- de las misiones de bombardeo de la coalición. Pero reconoció que no existe coordinación táctica y que los miembros de la coalición rehúsan cualquier contacto. Estados Unidos salió a contradecirlo... para decir lo mismo.
Rusia acaba de presentar, ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, un proyecto de resolución contra el financiamiento de las actividades de Estado Islámico. El proyecto fue muy bien recibido y será votado, casi con seguridad, por unanimidad. Es decir, todos juntos contra Estado Islámico. Como debe ser.
El texto concierne en particular la venta de productos petroleros y de bienes culturales, como obras de arte y antigüedades, que Estado Islámico trafica desde las zonas que conquistadas. Cabe señalar que la recaudación por la venta de petróleo decayó en virtud de la caída de los precios internacionales.
En materia militar, prosigue el avance de las milicias kurdas del YPG, apoyados por los peshmergas kurdos irakíes y por los aviones de la Coalición Internacional. Según informaciones confiables, ocuparon 101 pequeños pueblos que estaban en manos de Estado Islámico.
Ahora controlan un territorio que se extiende entre 15 y 25 kilómetros al sur, este y oeste de Kobane, ciudad que liberaron tras cuatro meses de asedio, el 26 de enero de 2015. Al norte, a menos de tres kilómetros está la frontera con Turquía que nunca lograron conquistar los fundamentalistas.
Mientras tanto continúa el drama de los refugiados. Naciones Unidas reclamó fondos por 2.500 millones de euros para atender al 40 por ciento que no reciben ayuda de ningún tipo.
En total, los desplazados dentro de Siria, como consecuencia de los combates, totalizan 7,6 millones de personas, a los que deben agregarse los 3,8 millones de personas refugiadas en los países vecinos, en particular, Jordania, Líbano –donde ahora una de cada cuatro personas es siria- y Turquía.
Según informó una firma de cyber seguridad norteamericana, desde mayo de 2014 el gobierno sirio logró penetrar las comunicaciones de diversas organizaciones militares opositoras.
Con la sencilla fórmula de una mujer que entabla conversación digital con algún combatiente y la introducción de un virus, los hackers del gobierno sirio accedieron a miles de documentos que contenían posiciones geográficas de las milicias, arribos de armas, operaciones, rutas de abastecimiento, llegadas de barcos con misiles.
Los hackers accedieron a 64 bases de datos, a 12.356 contactos, a 31.107 conversaciones y a 240.381 mensajes.
Lo dramático es que según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, en los últimos dos meses, la guerra incrementó el número de víctimas en más de 10 mil personas, para alcanzar un total de 210.060 desde que comenzaron las operaciones militares.
Los civiles suman 65.146 de los cuales 10.664 eran niños. Los muertos combatientes anti régimen alcanzan a 38.325 sirios y 24.989 djihadistas extranjeros.
Del lado gubernamental, 45.385 soldados, 29.943 paramilitares, 640 combatientes del Hezbollah libanés y 2.502 shiítas venidos de otros países. No identificados, 3.140 cuerpos.
Un nuevo muerto a contabilizar: la voluntaria norteamericana Kayla Mueller, 26 años, secuestrada en agosto de 2013 en la ciudad de Alepo. La información fue confirmada, sin entrar en detalles, por el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
Previamente, un comunicado de Estado Islámico señaló a un bombardeo de la Real Fuerza Aérea jordana, sobre la ciudad siria de Rakka, como el causante de la muerte de la trabajadora humanitaria.
Es posible que así sea, claro que si no hubiese sido secuestrada por los fundamentalistas, continuaría con vida. Estados Unidos restó validez al informe de Estado Islámico pero no aclaró la causa del deceso. Sí, en cambio, el presidente Obama salió a afirmar que su país no pagará rescate por los secuestrados, para intentar evitar más secuestros.
Por su parte, el Centro Nacional Anti Terrorista de los Estados Unidos, que sintetiza todas las informaciones que, al respecto, producen las agencias de inteligencia de ese país, informó que la guerra en Siria atrae cada vez a más combatientes y cifró en 20 mil –mil más que en el informe anterior- a los luchadores extranjeros.
La totalidad proviene de 90 países. De ellos, 3.400 llegan desde países occidentales, de los cuales, 150 son norteamericanos. La mayoría de los extranjeros engrosa las filas de Estado Islámico.
También el informe señala que la capacidad de propaganda de Estado Islámico no cesa de aumentar y que, desde el 1 de enero de 2015, cerca de 250 producciones oficiales del grupo terrorista están en Internet.

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