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Irán: las razones del ataque a Estado Islámico Destacado

Inspección del ex presidente Mahmud Ahmadinejad a las centrifugadoras que enriquecen uranio en la planta de Arak Inspección del ex presidente Mahmud Ahmadinejad a las centrifugadoras que enriquecen uranio en la planta de Arak

Impensable hasta hace unos meses, Estados Unidos e Irán combaten al grupo Estado Islámico en Irak. Oficialmente, por separado. Pero, en la práctica, coordinados por el gobierno irakí y los kurdos.


Tras un silencio inicial, finalmente, el gobierno teocrático de Irán admitió que lucha contra los fundamentalistas islámicos sunitas en Irak, junto con las democracias laicas occidentales.
Estado Islámico sirve así de catalizador para la convivencia de enemigos, hasta no hace mucho, irreconciliables.
Es que frente a los combatientes internacionales de Estado Islámico, en el territorio irakí, se suman: el Ejército irakí; los combatientes kurdos "peshmergas"; los bombardeos de la coalición que encabeza Estados Unidos y que integran algunas democracias occidentales y las monarquías árabes del Medio Oriente y de la Península Arábiga; y el régimen iraní de los ayatollahs.
A ver, con el Ejército irakí post Saddam Hussein, ningún problema.
Con los "peshmergas" kurdos cierta desconfianza. Después de todo, sin estridencias, reivindican un Kurdistán independiente que puede abarcar la porción iraní del Kurdistán histórico, también poblada por kurdos.
Con los occidentales y, en particular, con los Estados Unidos, un cambio radical de posición en el que mucho tiene que ver la continuidad de las conversaciones sobre la cuestión nuclear.
Con las monarquías árabes, todas sunitas, recelos y resquemores, producto de la competencia con Arabia Saudita, ahora agravada tras las decisiones con relación al precio del petróleo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
No se trata de simplificar las cosas con aquello del "enemigo común".
Por más "enemigo común" que represente Estado Islámico, otro hubiese sido el cantar si Estados Unidos, más Francia, más Gran Bretaña, más Rusia, más China, más Alemania, hubiesen decidido profundizar las sanciones en lugar de ampliar el período de conversaciones tras no llegar a un acuerdo sobre la cuestión nuclear iraní.
Difícilmente pueda dilucidarse que es previo y que es posterior, ni si hubo o no condiciones. Pero, fue casi automático: prolongación de conversaciones "nucleares" con bombardeos a Estado Islámico. Es más, Irán bombardea donde no lo hace la Coalición.
No, claro. Seguro que no se coordinan entre ellos. Lo hacen a través del gobierno irakí y del gobierno autonómico kurdo, para no superponer misiones y para bombardear en áreas diferentes.
Pero, además de la cuestión nuclear está la cuestión económica. Las sanciones occidentales tienen a maltraer a la ya maltrecha economía iraní que, sufre un golpe demoledor con la caída de los precios internacionales del petróleo.
Nadie ignora que tras esa caída están los sauditas. Ni que lo sauditas persiguen dos objetivos. Por un lado, impedir por los altos costos y los bajos precios, las inversiones en petróleo no convencional. Por el otro, secundario, castigar a su eterno rival desde la caída del sha: Irán.
Por tanto, Irán necesita desesperadamente que las sanciones occidentales sean, cuando menos, morigeradas. Y para eso, mientras el acuerdo nuclear no se alcance, se lo intenta reemplazar con el ataque a Estado Islámico.
Dicho sea de paso, no son pocos quienes en Irán aguardan la reactivación económica producto de eventuales inversiones extranjeras que deberían producirse tras llegar al acuerdo nuclear. Los diarios iraníes no disimulan pedidos de inversión, por ejemplo, a Italia y Alemania.
Hoy, por hoy, los cursos de inglés alcanzan un éxito impensable hace tan solo algunos meses atrás y, nuevamente, turistas occidentales atraviesan el país.
¿Es producto del cambio político que sobreviene con Hassan Rohani como presidente del país? En parte sí y en parte no.
Es que Rohani no es una casualidad. Es la consecuencia de la necesidad de renovación y de cambio de un régimen que agotó su populismo de retórica anti imperialista con el gobierno de Mahmud Ahmadinejad,
Lo sabe Rohani, pero por sobre todos, lo sabe Alí Khamenei, el ayatollah supremo que es quién finalmente decide sobre todas las materias de mayor importancia.
Conservadores y reformistas acuerdan que llegó la hora de las reformas, solo que no están de acuerdo en cuales.
Para los conservadores, se trata nada más que de una relativa apertura económica para lo cual hasta están dispuestos a considerar algunas concesiones en la relevante cuestión nuclear.
Para los reformistas, entre los cuales se cuenta al moderado Rohani, la cosa va mucho más allá. Se trata de la libertad. No de una libertad plena. Pero, al menos, de un fuerte avance.
Temas como la libertad de expresión, los derechos humanos, la situación de la mujer, la democratización deben acompañar la liberalización económica.
La pulseada es muy difícil. Fundamentalmente, porque solucionado el problema nuclear, el capitalismo occidental mirará a Irán con ojos de hacer negocios y punto. Como hace en China o en Vietnam, o en la ex repúblicas soviéticas del Asia Central.
Por tanto, la pelea por las libertades es ahora, antes del acuerdo nuclear, antes del consecuente levantamiento de las sanciones. Una pelea que solo puede llevar adelante la movilización popular.
Pero, claro, en frente están los conservadores que detentan mucho poder en Irán. Por ejemplo, en los Guardianes de la Revolución, el cuerpo de elite de las Fuerzas Armadas, y en el Poder Judicial.
¿Por qué fracasaron las conversaciones sobre la cuestión nuclear en el plazo acordado? Es un tema particularmente complejo.
Pero, las conversaciones fracasan porque nadie, en Irán, está dispuesto a pagar el precio del "deshonor, la injusticia y la defensa de la soberanía nacional". Excusas que, como siempre, solo sirven solamente para anatemizar al adversario.
Y la política iraní se convirtió, como en cualquier régimen autoritario y más aún si se trata de uno religioso, en un campo de batalla sin cuartel de unos contra otros.
Sin dudas, la reciente decisión judicial de procesar al corresponsal del Washington Post, nadie sabe muy bien bajo qué cargos, forma parte de esa pelea sin reparos entre conservadores y reformistas.
De allí que Rohani no puede avanzar más, que implora un acuerdo aunque sea provisorio y que respira aliviado con la prolongación de las negociaciones.
Es que un acuerdo consecuente con el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares que Irán firmó y nunca denunció implica garantías comprobables.
Es decir, certezas, no palabras, de la imposibilidad de un uso militar de la energía nuclear producida a partir del enriquecimiento de uranio.
Certezas difíciles de lograr. Sencillamente porque Irán mintió. Mientras construía un reactor de agua pesada para producir plutonio en Arak, en secreto enriquecía uranio en la planta de Natanz.
Tanto fue el secreto, que solo se conoció cuando opositores al régimen teocrático lo denunciaron en el 2002.
Fue tal la consecuente presión internacional que Irán permitió una inspección de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). Pero lo inspectores no certificaron el exclusivo uso pacífico del emprendimiento.
Recomenzaron, entonces, las presiones. Cuando llegó Ahmadinejad al poder, todo se radicalizó. Fue cuando Naciones Unidas produjo seis resoluciones condenatorias para Irán y cuando Estados Unidos y los países occidentales sancionaron económicamente al régimen.
Con el disgusto de Israel y Arabia Saudita, los rivales regionales de Irán, los países negociadores están dispuestos a aceptar que Irán enriquezca uranio por debajo del cinco por ciento. Con eso, el régimen puede salvar la cara y decir que la comunidad internacional reconoció el derecho iraní a "proseguir" su plan nuclear.
Difícilmente logre más que eso, aun bombardeando a Estado Islámico. Claro que, como se trata de certezas, habrá que congelar por al menos 20 años todo el programa nuclear. Y eso es muy difícil de vender.
Por ahora, el compromiso, hasta junio próximo, es que Irán no enriquecerá uranio por encima del 5 por ciento, nivel que resulta incompatible con su uso militar y que Occidente desbloqueará 700 millones de dólares mensuales iraníes depositados en bancos fuera de Irán.
Junto con la liberación de los 700 millones de dólares, otras medidas hacen que la economía iraní recupere aproximadamente, hasta junio próximo, solo una parte de lo que pierde con las sanciones.
¿Cuánto? Solo una sexta parte. Pingüe negocio.
Mientras tanto, sin la cobertura del acuerdo nuclear, el moderado presidente reformador Hassan Rohani puso el dedo en la llaga sobre otra materia que reclama la opinión pública: la corrupción.
La ONG Transparency International coloca a Irán en el puesto 39 sobre 175 en el ranking de los países más corruptos.
Sin nombrar a nadie, Rohani aludió a los Guardianes de la Revolución. Habló sobre la corrupción de quienes poseen "las armas, el dinero, el poder y los medios". La suma de los cuatro elementos señala, inexorablemente, a los Guardianes, verdadero estado dentro del estado.
Rohani también se metió con quienes escudados "en la fachada de actividades caritativas no rinden cuentas". Visualizó a las instituciones religiosas que en Irán ni pagan impuestos, ni tienen la obligación de presentar sus libros de contabilidad.
Hace pocos días, el ministro de Economía, Ali Tayebnia, denunció una maniobra bancaria por la cual sus beneficiarios se hicieron, ilegalmente, de 3.000 millones de euros.
Los propósitos de Rohani y la investigación sobre la maniobra bancaria produjeron la increíble reacción de los conservadores por la boca del jefe de Justicia –es el cargo- del país quien dirige el Poder Judicial, Sadeq Larijani, que amenazó a "quienes denuncian asuntos de corrupción porque deben hacerlo con informaciones precisas" para no "atentar contra la imagen del país".

Modificado por última vez enMartes, 23 Diciembre 2014 12:48

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