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Afganistán: comienzo auspicioso de Ashraf Ghani Destacado

Presidentes Xi Jinping y Ashraf Ghani Presidentes Xi Jinping y Ashraf Ghani

Ocho de cada diez afganos aprueban la actuación del flamante presidente Ashraf Ghani, al mes de su asunción.


Siempre que asume un nuevo gobierno las expectativas suelen ser positivas. No obstante un 80 por ciento de aprobación es un porcentaje alto, aún para el primer mes. Al punto que indica 25 puntos más que el guarismo -55 por ciento- de votos que obtuvo Ghani.
¿Qué cambió? Pues, el estilo. Ghani gobierna en movimiento. Va de un lado para el otro. Es posible encontrarlo en visitas sorpresa a hospitales, estaciones de policía o puestos militares.
La principal preocupación de los afganos, tal y como surge en la encuesta, es la seguridad con relación a los ataques talibán. El 65 por ciento expresó que temen por sus familias y por ellos mismos. Seis puntos más que el respetivo resultado recogido por la misma encuestadora en 2013.
El incremento del temor está relacionado con el retiro de la mayor parte de las tropas de la OTAN que se lleva a cabo por estos días y que debe finalizar en diciembre 2014.
Si bien permanecerá en el país un contingente de 12.500 soldados -9.800 norteamericanos y el resto de otros países de la OTAN-, su función será de asesoramiento y entrenamiento. Solo combatirán contra Al Qaeda, no frente a los Talibán.
Esta función quedará reservada al Ejército y las fuerzas de seguridad afganas. La encuesta señala que el 86 por ciento de los consultados reveló su confianza en el Ejército afgano. No obstante, el 56 por ciento indicó que el Ejército deberá continuar recibiendo apoyo de tropas extranjeras.
El pedido parece haber tenido eco. Por estos días, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos analiza precisiones acerca de la misión de las tropas que quedarán en Afganistán.
Esas precisiones consistirían en la posibilidad de enfrentar a los Taliban si estos representan una amenaza para los soldados norteamericanos o si brindan un sostén directo a Al Qaeda. Llegado el caso, hasta podrán contar con apoyo aéreo.
Casi la tres cuartas parte de los afganos -73 por ciento- señala que la reconciliación con los Talibán y otros grupos armados como el Hezb-i-Islami o la red Haqani, debería ayudar a estabilizar el país.
La segunda cuestión que refleja la encuesta es la corrupción. Creció como preocupación con relación al año anterior. Así, resulta un problema importante para el 62 por ciento, frente al 56 por ciento del 2013.
Ghani se ocupa personalmente de la cuestión. Dos altos directivos del Banco de Kabul están presos –condenados a 15 años de prisión- por malversación de fondos, y acaba de crear una oficina de contrataciones para revisar todos los contratos que llegan a la presidencia.
El problema ubicado en tercer lugar por los propios afganos es el desempleo. Para las mujeres, ese problema se amplía con la falta de igualdad de oportunidades.
Pese a lo anterior, el 80 por ciento apoya la labor de Ghani y el 55 por ciento cree que el país va en la dirección correcta.
Pero, más allá de las percepciones ciudadanas, persisten otros problemas que luego, indirectamente, repercuten sobre la gente.
Uno de esos problemas es la unidad del propio gobierno. Es que Ghani asumió la presidencia tras un acuerdo con su principal rival Abdullah Abdullah que se negaba a aceptar el resultado electoral, tachándolo de fraudulento.
El acuerdo determinó que Abdullah asumiese una función de director del gabinete de ministros, equivalente a un primer ministro, pero con poderes difusos.
Dicho acuerdo es percibido como frágil, más aún de cara a las elecciones parlamentarias que deben llevarse a cabo el año próximo.
Por su parte, la economía debe ser puesta en marcha, aunque para ello, se cuenta con la propia experiencia del presidente Ghani quién, cuando se desempeñó en el Banco Mundial, lo hizo como especialista en estados fallidos.
Pero el problema de la economía va más allá al relacionarse con la corrupción. Ghani aseguró que la iba a combatir. Su predecesor, Hamid Karzai, en ese terreno, fracasó.
El tercer reto a resolver es la cuestión de seguridad. También aquí los Talibán avanzaron mucho ante el impasse político. Ahora, la prueba de fuego es para el Ejército afgano de 350 mil hombres, tras el retiro de los 150 mil soldados de la OTAN.
Ghani sostuvo siempre que el problema Talibán solo se arregla con diálogo. Pero todas las iniciativas del gobierno anterior al respecto, fracasaron.
Ni las conversaciones en Doha, Qatar, ni la liberación de cientos de presos Talibán condujeron a siquiera un acercamiento. Los Talibán que calificaban a Karzai de "títere" de los Estados Unidos, utilizan el mismo término para Ghani y Abdullah.
De momento, la propensión es al combate y no al diálogo. De hecho, por esto días se multiplican los atentados con bomba y personales.
Desde un ataque contra un complejo de viviendas de extranjeros al asesinato del vice gobernador de la provincia de Kandahar, pasando por el intento de homicidio contra una diputada defensora de los derechos de la mujer, los talibanes están activos.
En materia de relaciones exteriores, Ghani también se muestra movedizo. Ya visitó Arabia Saudita, China y Pakistán.
A China, Ghani fue en el marco de una reunión de 14 países asiáticos de la que participaron, además de Afganistán y China, países tan disímiles como Azerbaiyan, India, Irán, Kazajstán, Kirguistán, Arabia Saudita, Tayikistán, Turkmenistán, Pakistán y los Emiratos Árabes. Junto a ellos, los "europeos" Rusia y Turquía.
Esta re consideración hacia Afganistán por parte de China indica una intención de suceder a Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos que intentaron llevar al país a su esfera de influencia en los dos últimos siglos.
China busca su influencia a partir de inversiones. Particularmente en minería, petróleo e infraestructura.
El avance chino hacia Afganistán también reconoce razones de seguridad. El grupo Estado Islámico pretende extender su accionar al Xinjiang chino, la región autónoma poblada por uigures musulmanes.
China necesita, por tanto, impedir el paso de Estado Islámico al Xinjiang y, en el camino, queda Afganistán.
Para Ghani, China es también un puente con su cercano aliado, Pakistán. Allí, en Pakistán, es donde se refugia la dirección Talibán y donde toma sus decisiones.
Por eso, Ghani también visitó Pakistán y se puso de acuerdo con el primer ministro Nawaz Sharif.
Según afganos y pakistaníes, en tres días de estadía, los dos gobernantes pusieron fin a trece años de desconfianza y acusaciones, como la respectiva de ambos países de sostener a grupos rebeldes enemigos.
Hablaron de proyectos económicos conjuntos, como el gasoducto TAPI entre Turkmenistán y Pakistán y la India, que deberá pasar necesariamente por Afganistán y por algunas zonas controladas por los Talibán.
El proyecto requerirá una inversión de 7.600 millones de dólares ¿Interesadas? ExxonMobil, Chevron, Petronas, British Petroleum y la francesa Total.
Y hablaron de seguridad. Por supuesto, de la cuestión talibán, tema sobre el que Pakistán no es muy claro al menos en lo que se refiere a los talibán afganos, pero también de la preocupación por Estado Islámico.
Un tema sobre el que "curiosamente" nadie habla y que es central para el financiamiento de los señores de la guerra que abundan en Afganistán, además de los propios Talibán, es el cultivo de la amapola, base para la producción de heroína.
Afganistán es el primer productor mundial de amapola –cerca del 80 por ciento de la producción total en el mundo- con un total de 224 mil hectáreas cultivadas, o sea un incremento del 7 por ciento frente al 2013, según Naciones Unidas.
En 2002, solo un año después de la intervención militar occidental contra los Talibán que detentaban el poder, la superficie sembrada era de 74 mil hectáreas.
Ahora, gran parte de los cultivos se centran en el sur del país, donde amplias zonas son dominadas por los Talibán.
La comunidad internacional no pudo conseguir la paz y la seguridad para Afganistán, tampoco pudo impedir –pese a los miles de millones de dólares invertidos- el avance del narcotráfico.
Por último, conviene prestar atención al sonido de alarma que emitió la ONG Oxfam. Según la entidad, existe un serio riesgo que en una eventual negociación de paz con los Taliban quede en juego el rol de las mujeres.
Según la Constitución, poseen todos los derechos. En la conservadora sociedad afgana, sobre todo en la etnia mayoritaria pashtun, casi no se verifican. Ghani aseguró dos cosas que quiere el diálogo con los Taliban y que va a proteger a las mujeres. Difícil de amalgamar.

Modificado por última vez enDomingo, 21 Diciembre 2014 15:16

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