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Estados Unidos: el vacío liderazgo internacional de Obama Destacado

Presidente Barack Obama Presidente Barack Obama

¿A dónde apunta la política exterior del gobierno de Barak Obama? Es, sin dudas, una pregunta de difícil respuesta. Con la excepción del intento permanente del secretario de Estado, John Kerry, de lograr una paz definitiva en Palestina, algo que el gobierno israelí traba, el resto de las decisiones parecen surgir de espasmos que, casi siempre, son respuestas tardías frente a crisis no previstas.

 

O son respuestas tardías o directamente no son nada. Por ejemplo, Obama nunca desarrolló ninguna política clara frente al resto del continente americano. No es duro con los “bolivarianos”, ni particularmente amistoso con los gobiernos respetuosos de las instituciones y el estado de derecho. Ni siquiera presta atención al NAFTA, el tratado de libre comercio con sus vecinos Canadá y México.

Un poco más activo, dadas las circunstancias económicas, se muestra en Asia. Aunque poco y nada hace frente a las provocaciones norcoreanas y no falta mucho para que en Afganistán declaren la presencia norteamericano como poco grata. Es más, los ataques con drones –aviones no tripulados- sin consentimiento previo de afganos y pakistaníes lleva siempre a rispideces que restan amigos en lugar del sumarlos pese al sacrificio de varios cientos de soldados norteamericanos.

En Oriente Medio, si las cosas no pintan mal en Irán es gracias a la acción que desarrolla la comisario para las relaciones exteriores de la Unión Europea, la baronesa británica Catherine Aston, quien mantiene latentes las negociaciones sobre la cuestión nuclear. En Siria, en cambio, su ahora adversario Vladimir Putin debió sacarlo del apuro cuando se mostró no dispuesto a cumplir con su promesa de atacar al régimen de Bashar al-Assad si empleaba armas químicas contra los rebeldes y la población civil.

Al-Assad las usó y Obama solo titubeaba y trataba de ganar tiempo consultando a medio mundo. Para peor, el presidente francés Francois Hollande se mostró listo para atacar. Como se dijo, a Obama lo salvó Putin cuando armó un arreglo para que Siria se deshaga de sus armas químicas, acuerdo que al-Assad cumple a regañadientes y con arrastre de pies. 

Y en la región, Obama genera una desconfianza mayor en el aliado más firme, luego de Israel, que es Arabia Saudita. Para los sauditas, el acercamiento a Irán, el apoyo a las primaveras árabes que desestabilizaron la región y sobre todo sus reticencias para dotar de armas sofisticadas a la rebelión siria.

Pero el gran talón de Aquiles de Obama quedó en evidencia en la cuestión ucraniana. Todo comenzó bien cuando Obama se puso firme… en las palabras, sin respaldarlas en los hechos… con las armas. Y comenzó bien porque era cuanto deseaba la opinión pública norteamericana.

Obama interpretó solo la primera parte del sentimiento norteamericano. La que dice que no hay que ir a pelear más en otras latitudes del mundo. La segunda parte acompaña a la primera y reza que los conflictos, aunque no sea por vía militar, deben ganarse.

Tiene cierta lógica. Estados Unidos gasta en defensa más que casi todo el resto del mundo. Si ello no sirve para disuadir, entonces ¿Para qué sirve? Y en Estados Unidos, existe conciencia sobre quién financia los gastos del gobierno: los impuestos que pagan los contribuyentes.

Sí, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas Rusia quedó aislada, cuando vetó la resolución sobre condena al referéndum en Crimea. China se abstuvo. Pero fue poco y nada frente a la contundencia de la consulta popular, primero, y de la anexión después.

Tampoco las sanciones contra los allegados a Vladimir Putin resultaron convincentes para nadie. Un territorio contra una prohibición de viajar para 11 personas –solo 7 rusas- es, por demás, asimétrico. Ni siquiera luego, cuando la lista de sancionados fue ampliada en 20 nombres y a un banco -Rossia- se le prohibió ejercer actividades en los Estados Unidos, alguien pudo pensar que la balanza se equilibraba.

Obama debió viajar a Europa, más que nada para calmar a los aliados. Porque su actuación, para unos es demasiado timorata y para otros, atrevida. Timorata para los ex integrantes del Pacto de Varsovia y de la Unión Soviética, como Polonia y como Moldavia, Lituania, Letonia y Estonia. Atrevida para aquellos que dependen del gas y el petróleo rusos.

Fue a Bruselas, para su… primera visita a la sede de la UE en sus cinco años de mandato. Otra demostración de la escasa importancia que Obama concede a las relaciones internacionales. Y ahora, la sanción fue la exclusión de Rusia del G8, que nunca dejó de ser el G7 más Rusia.

Demasiados gestos y palabras para disimular lo que todo el mundo ya sabe. Y es que los gobiernos de Estados Unidos y de los principales países europeos ya dieron vuelta la página de Crimea. Nadie piensa en recuperar la península, ni siquiera el propio gobierno ucraniano. En todo caso, de lo que se trata es de limitar el expansionismo ruso a la conquista ya concluida.

En aras de ello, ahora a negociar ¿A negociar qué? Pues que Rusia no avance más. Algo similar ocurrió en Munich en 1938.

Modificado por última vez enJueves, 20 Noviembre 2014 15:25

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