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Cuba: el mito de la izquierda reemplazado por el “business” Destacado

Las modelos Paris Hilton, Naomi Campbell y el hijo mayor de Fidel Castro, Fidel Castro Díaz-Balart. Las modelos Paris Hilton, Naomi Campbell y el hijo mayor de Fidel Castro, Fidel Castro Díaz-Balart.

Seguramente, la visita que el presidente francés Francois Hollande efectuó a Cuba, en mayo pasado, fue el broche final para una utopía que guió, en gran medida, a la izquierda universal, particularmente la intelectual de Europa, durante décadas.


Al viaje, nadie lo tomó demasiado en serio. Todo el mundo está de acuerdo con la intención de poner fin al enfrentamiento que llevan adelante los presidentes de Cuba y de los Estados Unidos, Raúl Castro y Barack Obama, respectivamente. Y punto.
Pero nadie se hace ilusiones sobre el futuro de la isla comunista salvo... los empresarios dispuestos a invertir en un proceso capitalista que estiman igual o, al menos, parecido al que se desarrolla en China y en Vietnam.
Mucho puede decir Francois Hollande que su desplazamiento a Cuba es para acompañar "la evolución" de la isla. Nadie lo cree. Menos aún en su propia franja política, la izquierda francesa. Se trata de negocios y no de otra cosa.
El viaje pone fin a varias décadas de amor a prueba de balas entre la intelectualidad izquierdista francesa y el gobierno cubano. Es el fin de una mitología.
De acá en más, business y más business. Es la nueva utopía. La de hacer la mayor cantidad de negocios posibles.
La historia demuestra que el comienzo de la relación no fue el mejor. Para la intelectualidad francesa, sometida casi por completo, con honrosas excepciones, a los dictados de la Unión Soviética de principios de la década de 1960, la revolución cubana despertaba desconfianza.
Porque se mostraba apegada al sistema democrático, lejana de la propia Unión Soviética y porque no mantenía relaciones cordiales con el Partido Comunista cubano, fiel a los dictados de Moscú.
Todo cambió casi en seguida. Por un lado, las posiciones "anti imperialistas" de Fidel Castro, pero por sobre todo, su rápido acercamiento a la Unión Soviética y al Partido Comunista cubano, dieron lugar al aplauso sostenido de la izquierda y la intelectualidad francesa.
Entonces, todos viajaron a Cuba, con gastos sufragados por el gobierno cubano. Los más famosos, Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre.
También Régis Debray, aquel teórico marxista que escribió una loa al guevarismo combatiente que lleva por título "Revolución en la revolución".
Oda sí, combate no. Debray se unió al comandante Ernesto "Che" Guevara en Bolivia pero fue tal su miedo que el propio Guevara decidió separarlo y reenviarlo a Francia. Debray fue capturado por el Ejército boliviano y, para muchos, dio información suficiente para localizar al "Che".
En el socialismo francés, las opiniones sobre la revolución cubana estaban divididas con una mayoría que no aceptaba las prácticas no democráticas de la revolución cubana y menos aún los fusilamientos de los disidentes.
Pero, el peso pesado de un Francois Mitterand volcó la balanza. En 1967, en la publicación Le Nouvel Observateur, Mitterand escribió que "el combate del Che Guevara es el combate de los hombres libres".
Fue el "charme" de Fidel Castro el que convirtió en ciegos a quienes se negaban a ver la realidad de un régimen represivo. Entre ellos, a Francois Mitterand y su esposa Danielle.
Ya no se trató de relaciones políticas, ni ideológicas, ni partidarias, sino de relaciones personales.
Pero, la certeza cada vez mayor del carácter dictatorial del régimen cubano fue alejando a muchos cuadros socialistas del apoyo a la revolución cubana. Cada vez más a la defensiva, sus defensores cada día se amparaban más en los éxitos de la revolución: educación, salud, cultura, para disimular el resto.
De allí en más, las violaciones de los derechos humanos que comenzaron a ser cada vez más difundidas determinaron que la imagen de la revolución se degradase inexorablemente.
Fue entonces cuando los socialistas franceses y, hasta el propio Mitterand, se alejaron. Convertido en presidente de Francia, Mitterand no invitó nunca a Casto a visitarlo. Solo se encontraron una vez, casi clandestinamente, con motivo de una invitación a Paris, donde tiene su sede, al cubano, por parte de la UNESCO.
Frente a Cuba, la izquierda francesa se dividió entre los nostálgicos de la revolución y los defensores de los derechos humanos. El actual ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, escribió en el 2003: "Cuba, la isla de nuestros sueños quebrados, se convirtió en la isla de todas nuestras pesadillas".
El mito terminó. Y eso es bueno para Cuba y para los cubanos, aunque no necesariamente, de aquí en más todas serán rosas. Más vale, lo contrario.
Hoy la pobre economía cubana depende en un 20 por ciento de las ayudas venezolanas, a su vez en peligro de extinción ante la fenomenal crisis que atraviesa ese país, en particular, con la caída del precio internacional del petróleo.
Allí está la verdadera razón de ser de la apertura cubana. Al menos, la que precipita un proceso que debe darse inexorablemente.
Del otro lado, resulta clave la presencia de Barack Obama en la Casa Blanca. Es quien muestra suficiente coraje para cerrar un proceso de más de medio siglo de un embargo que solo castigó a la población cubana y no al régimen, que aprovechó la coyuntura para vestir los ropajes del patriotismo, poco marxista por cierto.
El reciente retiro de Cuba del listado de países que sostienen al terrorismo que elabora habitualmente el Departamento de Estado de los Estados Unidos, es el paso central para la normalización de las relaciones diplomáticas que solo dependen del Ejecutivo.
El levantamiento del embargo, en cambio, requiere la correspondiente autorización legislativa en un Congreso donde los demócratas perdieron la mayoría en la única cámara legislativa que les era favorable.
Tras el retiro del listado no quedarán muchos argumentos para que los republicanos no acepten el fin del embargo. Solo su acérrima oposición a Obama. Pero, deberán contabilizar la apetencia de las empresas norteamericanas por invertir en Cuba y disminuir la ventaja que le llevan las canadienses y las españolas, más las francesas que acaban de anotarse.
En la lista terrorista, Cuba figuraba desde 1982 –gobierno de Ronald Reagan- junto a Siria, Sudán e Irán. Fue incluida por el apoyo prestado a los vascos del ETA y a los colombianos de las FARC.
Hoy día las comunicaciones telefónicas directas entre Cuba y los Estados Unidos fueron restablecidas, ya es posible reiniciar el viejo servicio de ferry entre La Habana y Miami, y el gobierno cubano puede acceder al sistema bancario norteamericano y al financiamiento internacional.
Queda el embargo decretado en 1962. El Congreso norteamericano tiene la palabra.
En los cuatro primeros meses del presente año, un total de 18.311 cubanos arribaron a Estados Unidos sin visa de inmigrante para obtener los beneficios de la Ley de Ajuste que les permite residir y trabajar durante un año y un día sin salir del país, para convertirse luego en ciudadanos norteamericanos.
De ese total, 318 alcanzaron las costas norteamericanas; 1.469 fueron socorridos en alta mar; 13.161 entraron por la frontera con México; y 4.832 lo hicieron por el aero

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