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Estados Unidos: escaladas en Medio Oriente y en la cyber guerra Destacado

Ejercicios militares irakíes Ejercicios militares irakíes

La política exterior de los Estados Unidos tiene, por estos días, un definido talón de Aquiles de nombre Estado Islámico (EI).


Solo un año después de la captura de la ciudad de Mosul, en el norte irakí, y pese a ceder el dominio de la ciudad de Tikrit, la conquista de Ramadi, en Irak, y de Palmira, en Siria, por parte del djihadismo fundamentalista, pone de manifiesto dos fracasos, al menos circunstanciales, de la administración Obama.
En Irak, el inmenso gasto al que Estados Unidos recurrió para organizar, poner en pie y entrenar un nuevo ejército irakí parece servir de poco frente a un enemigo que logró reclutar a los viejos militares profesionales de la época de Saddam Hussein, ahora particularmente efectivos a la hora del combate.
En Siria, la decisión de no cerrar filas, circunstancialmente, con el gobierno autocrático de Bashar Al-Assad, posibilita el avance de los djihadistas de Estado Islámico, por un lado, y del Frente Al-Nosra, vinculado a Al Qaeda, por el otro.
En Irak queda demostrado que el nuevo Ejército irakí, formado por los norteamericanos, sirve de poco y nada. En Siria, no sirve, en las actuales circunstancias, la política de aislamiento hacia el régimen de Bashar Al-Assad.
En tal sentido, la eficacia del bombardeo aéreo por parte de los aviones de la coalición internacional que encabezan los propios Estados Unidos, está en duda.
Desde ya que infringe pérdidas de importancia para Estado Islámico, pero al no corresponderse con una ofensiva terrestre, su acción queda circunscripta.
Es así que comienzan a escucharse voces que piden un mayor involucramiento de los Estados Unidos frente a Estado Islámico. Inclusive al punto de desplegar tropas de infantería.
Difícilmente, el presidente Barack Obama acceda a ello. Fue su "mérito" retirar las tropas norteamericanas de Irak y no parece posible que las haga retornar. No obstante, un primer paso fue dado, tras la caída de Ramadi, con el incremento de instructores norteamericanos en Irak.
El problema irakí, al menos así lo analizan en el Departamento de Estado y en el Pentágono, es la división confesional entre árabes shiítas y árabes sunitas. De ello debía ocuparse el gobierno del primer ministro irakí Haider El-Abadi. Pero Abadi, shiíta, optó por cerrar filas con el Irán shiíta de los ayatollahs y ahondó la desconfianza de los irakíes sunitas.
De momento, Estados Unidos continuará con su táctica de bombardeos y con una mayor entrega de armas al poco confiable Ejército irakí. Y no mucho más. A Abadi le han dicho que reclute sunitas para ser entrenados y así quitarle sustento a Estado Islámico. De momento, no parece tener éxito.
En general y al revés de los Bush, Obama confía poco en el útil militar para solucionar conflictos. Solo lo imagina para encuadrarlos. Pero, por sobre todas las cosas, Obama teme que el uso de lo militar termine envolviendo a Estados Unidos en un conflicto mayor.
Pasó en Vietnam, pasó en Somalia, pasó en Afganistán, pasó en el propio Irak. Por eso, no se involucró en Siria, ni siquiera cuando fueron descubiertas las armas químicas que usó el autócrata Assad.
Al momento de la victoriosa ofensiva de Estado Islámico sobre Mosul, hace poco más de un año, en Irak solo permanecían 250 soldados norteamericanos encargados de la seguridad de la embajada en Bagdad y de la antena de la propia embajada, erigida en Arbil, en el Kurdistán irakí.
Un mes después, en julio de 2014, los efectivos norteamericanos superaban los quinientos hombres, a los que se agregaron 300 consejeros militares para el Ejército irakí.
Ciento treinta hombres adicionales llegaron a Irak en agosto y 350 nuevos consejeros hicieron lo propio en setiembre. Totalizaban, entonces, 1.500 efectivos. En noviembre, el número fue doblado. Y ahora se agregaron 450 soldados más.
En total, en un año, los militares norteamericanos destacados en Irak pasaron de 250 a 3.500.
Obama no se opone a las incursiones norteamericanas terrestres, como fue la de mayo último en Siria que significó un duro golpe para la conducción djihadista, pero no acepta emplear a las tropas como guías para los bombardeos aéreos. Algo que requiere la presencia permanente y amplía el riesgo de contacto con el enemigo.
Sí en cambio apuesta a las incursiones puntuales con blancos como dirigentes terroristas determinados. Así, los drones provocaron la muerte de Nasser Al-Wahishi, jefe de Al Qaeda en Yemen, y aún sin confirmar, puede haber resultado muerto en Libia, tras un ataque aéreo, Mokhtar Belmokhtar, un jefe terrorista de renombre en el Sahara
Las críticas al respecto se acumulan. Republicanas, demócratas y militares. Que así no se puede ganar. Que es demasiado pasivo. Que en Siria, a falta de tropas amigas terrestres, el djihadismo utiliza el territorio como santuario. Hasta se desconfía respecto de si Obama no deja avanzar al EI para desaloja a Assad. Etcétera.
De alguna manera son los nostálgicos de las aventuras de los Bush, con interesada amnesia frente a lo mal que salieron todas ellas. Pasan por alto, entre otras cosas, los cadáveres de soldados norteamericanos que retornaban en ataúdes y el costo multimillonario de aquellas aventuras.
En 2014, la intervención regulada de Estados Unidos en Irak demandó una partida de 5 mil millones de dólares. Una década atrás, ese monto se elevaba a 60 mil millones de igual moneda.
Otro tema que adquiere relevancia por estos días en los Estados Unidos es el espionaje virtual. Tanto cuando Estados Unidos resulta el espiado como cuando alguna de sus agencias cumple el rol de espiar.
El último episodio conocido es el de los piratas informáticos chinos que penetraron la Oficina de Personal que cuenta con los datos de todos los agentes públicos de los Estados Unidos. Por supuesto, China niega todo.
Las leyes norteamericanas obligan a todos los funcionarios que poseen informaciones "sensibles" a que entreguen un listado de la totalidad de sus contactos externos. La búsqueda y obtención de esos listados habría sido el motivo principal de la piratería china.
Contar con los nombres de los chinos que mantienen contacto con norteamericanos poseedores de información sensible, sería un golpe fantástico para el espionaje chino. Los utilizaría, chantaje mediante, como doble agentes.
Solo unos días antes, el Ejército de los Estados Unidos debió cerrar, temporalmente, su sitio internet, luego de haber sido víctima de una piratería por parte de un Ejército Electrónico Sirio que apoya la continuidad del régimen, en ese país, de Bashar Al-Assad.
El Ejército Electrónico Sirio es conocido por sus ataques anteriores que, siempre hasta ahora, visualizaban medios de comunicación como Le Monde, New York Times y Washington Post.
Como era de esperar, el contraespionaje está a la orden del día. El presidente Barack Obama dispuso autorizar a la NSA –Agencia Nacional de Seguridad- a vigilar las comunicaciones en las redes sociales a fin de detectar piratas informáticos que trabajan para gobiernos extranjeros.
Según la Dirección Nacional de Inteligencia que agrupa a todas las agencias del rubro del gobierno norteamericano, la cyber amenaza aumenta "en frecuencia, en escala, en sofisticación y en severidad de las consecuencias".
El espionaje ilegal sobre las redes fue denunciado oportunamente por el ex consultor de la NSA, Edward Snowden, quien señaló al Ministerio de Justicia como responsable de autorizar, en 2012, la vigilancia de las redes por parte de la NSA, sin la correspondiente autorización judicial.

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