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Estados Unidos: se acaban las dubitaciones de la política exterior Destacado

Canciller Angela Merkel y presidente Barack Obama Canciller Angela Merkel y presidente Barack Obama

El presidente Barack Obama parece haber decidido demostrar que tiene "dientes" también en materia de política exterior. Ucrania/Rusia/Europa, Irán/Israel, China, y Venezuela comienzan a notar un Obama distinto tras la derrota electoral de noviembre 2014.


Seguramente el asunto más evidente de lo anterior resulte ser la determinación de los Estados Unidos de, llegado el caso, entregar armas letales a Ucrania para "defenderse" de la agresión rusa.
Esa decisión, aún no puesta en práctica y de incierto cumplimiento, cambió radicalmente el enunciado del problema.
Ahora, se transformó en una condición para sentar a Rusia a la mesa de diálogo con Ucrania, Alemania y Francia. El presidente ruso Vladimir Putin dijo que se puede llegar a un acuerdo siempre y cuando los norteamericanos no entreguen armas al Ejército ucraniano.
En otras palabras, de lo que hasta ayer ni se hablaba –armas- ahora es omnipresente y determina el curso de la negociación. A tal punto que casi vació de contenido la presencia de Alemania y Francia en la mesa.
Es que Putin dice "asegúrenme que Estados Unidos no va a mandar armas" y la canciller federal de Alemania, Angela Merkel, contesta "Alemania no las va a enviar", mientras el presidente francés Francois Hollande mira para el costado y hace como que nada escucha.
Como en cualquier tema existen distintas ópticas para analizar la cuestión. Una de ellas es la que dice que el conflicto no puede resolverse militarmente.
Es decididamente miope. Cierto, no se resuelve militarmente... a favor de Ucrania. Pero sí a favor de los separatistas que, con armamento ruso de reciente tecnología, avanzan y conquistan territorio.
Frente a ellos, el viejo armamento soviético del Ejército ucraniano de poco y nada sirve. Por tanto, llegó la hora de armar a Ucrania, salvo que en el curso de muy pocos días Putin comprenda que debe poner punto final a su aventura. Es decir cumplir el nuevo acuerdo logrado en Minsk, Bielorrusia.
Es la mirada actual de Obama. Se lo dijo a Merkel, personalmente, durante el encuentro de ambos en la Casa Blanca en Washington.
El presidente de Estados Unidos comprendió, finalmente, que todo tiene un tiempo y no más. Que la paciencia con Rusia debe terminar. Que si no lo hace, los republicanos que ganaron la mayoría en ambas cámaras del Congreso se envalentonarán y harán más difíciles los dos años que aún quedan de mandato.
Tal vez fue pensando en Obama y en las circunstancias que lo rodean que Hollande señaló que se trataba de la última oportunidad para lograr la paz en el conflicto. El acuerdo al que las partes llegaron en Minsk, Bielorrusia, es tan imperfecto y frágil que la amenaza de Obama es lo único que lo sustenta.
El Congreso norteamericano ya votó, en diciembre 2014, una partida de 350 millones de dólares para librar material militar a Ucrania. Incluye drones, radares anti artillería y municiones, entre otras, anti tanques. Solo falta que Obama dé su consentimiento.
Y, en comisión, el Senado votó unánimemente a favor de la nominación de Ashton Carter como nuevo secretario de Defensa. Pues bien, Carter es partidario del envío de armas a Ucrania.
La incipiente dureza de Obama en la cuestión ucraniana no está sola. También en la cuestión nuclear con Irán, el presidente comienza a golpear la mesa con el puño. No muy fuerte aún, pero golpe al fin.
En noviembre pasado, el grupo "5 + 1" –son Estados Unidos, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Rusia y China- e Irán resolvieron prolongar las negociaciones hasta el 31 de marzo de 2015 a fin de llegar a un acuerdo y hasta el 1 de julio para establecer los detalles técnicos de dicho acuerdo.
Faltan 45 días y al acuerdo no se llegó. Es más, se sabe que los 5 +1 entregaron, a los iraníes, las condiciones finales que Irán, de momento, no acepta. Es más, el ayatollah supremo de Irán, Ali Kamenei, declaró que prefería un no acuerdo antes que un mal acuerdo.
La contestación de Obama no se hizo esperar. Hasta el 31 de marzo y punto. Su explicación: "no quedan problemas técnicos por resolver. El problema es ahora saber si Irán tiene o no la voluntad política de concluir un acuerdo". O sea: tómelo o déjelo.
En la vereda de enfrente, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, fue invitado a hablar ante el Congreso de los Estados Unidos por la mayoría republicana.
En medio de su campaña política para las elecciones de marzo próximo, Netanyahu va a Washington con la intención de dinamitar el eventual acuerdo nuclear con Irán, del cual siempre se declaró enemigo.
Pues bien, ni Obama lo va a recibir, ni el vicepresidente Joe Biden presidirá la sesión solemne del Congreso cuando Netanyahu pronuncie su discurso. El pretexto de Obama es que no recibe a "candidatos", el de Biden que tiene la agenda "ocupada". Cuanto quedó en claro es que Obama no va a consentir que Netanyahu vaya a Estados Unidos a "mojarle la oreja".
¿Traerá consecuencias para el Medio Oriente? Difícilmente, Estados Unidos resquebraje su alianza con Israel, aunque también es cierto que la administración Obama cada día soporta menos la intransigencia de Netanyahu.
Habrá que esperar hasta el resultado electoral israelí pero, sin dudas, los gestos de Obama y Biden son por demás demostrativos de a quién, ambos, no apoyan.
En cuanto a China, Obama se dio el gusto de desairar advertencias y protestas, al compartir, en Washington, un acto de oración junto con el Dalai Lama tibetano.
Sopesando bien sus palabras, el presidente dijo al comenzar su discurso, refiriéndose al Dalai Lama, que "quería recibir muy particularmente a un buen amigo" y que "estamos felices que esté hoy entre nosotros".
Y como para no dejar margen de duda, agregó: "el Dalai Lama es un potente ejemplo de lo que significa la compasión. Es una fuente de inspiración que nos alienta a hablar a favor de la libertad y la dignidad de todos los seres humanos".
También el gobierno de Venezuela recibió el nuevo tratamiento Obama. Hasta aquí algo olvidado, dado el acercamiento con Cuba y las dificultades económicas que atraviesa el régimen de Nicolás Maduro, ahora fue sancionado con restricciones a los visados para ingresar a Estados Unidos.
Esas restricciones afectarán a los funcionarios venezolanos que Estados Unidos considere responsables de violaciones a los derechos humanos y de actos de corrupción.
La reacción de Maduro fue que no "podemos permitir que se sancione al país de Bolívar". Obviamente, no es el país de Bolívar el sancionado, sino algunos de los funcionarios de Maduro. Los cubanos, en silencio.
Y, por último, un toque de atención para algunos países africanos, asiáticos y del Medio Oriente con la designación de un enviado especial del Departamento de Estado para defender los derechos de las personas LGBT, lesbianas, gays, bisexuales y travestis. También para los "progresistas" gobiernos de Rusia y China.
¿Se trata de un nuevo Obama? Más vale se trata de un Obama que aprendió una lección: es buena la multilateralidad, el diálogo y la consulta, pero en algún momento del camino hay que tomar decisiones y ponerlas en práctica.
Con esa mentalidad es con la que Obama, en función de la mejora económica del país, se lanza a luchar por un presupuesto para 2016 que contemple una reducción de impuestos para la clase media y un ambicioso programa de infraestructura, fundamentalmente, vial.
El mayor gasto será financiado con un impuesto adicional del 14 por ciento sobre los beneficios de las compañías estadounidenses generados en el extranjero. Cabe aclarar que, en los Estados Unidos, el año presupuestario corre de octubre a setiembre.
Tal vez en este Obama más seguro, influyan los cada vez mejores números del empleo en los Estados Unidos.
Así, en enero 2015 fueron creados 257.000 nuevos empleos. El trimestre noviembre-enero es el mejor de los últimos diecisiete años. En un año, la economía norteamericana creó 3,2 millones de puestos de trabajo.
Como corresponde a un período que se acerca al pleno empleo, los salarios, después de mucho tiempo, comenzaron a subir.
Para estos días se espera el veto presidencial a la ley del Congreso que autorizó la construcción del oleoducto Keystone que correrá desde Alberta, Canadá, hasta el Golfo de México. Un proyecto que siempre contó con la oposición "ecológica" del presidente Obama.
Y la "paloma" Obama muta en "halcón". El 11 de febrero de 2015 solicitó al Congreso, la autorización oficial para formar una fuerza militar destinada a combatir el grupo Estado Islámico, dado que "representan una amenaza para los Estados Unidos".
La solicitud fue formalizada un día después del anuncio oficial sobre la muerte de Kayla Mueller, secuestrada por Estado Islámico.
Si bien llena un vacío legal, hasta ahora el presidente usaba una autorización para combatir a Al Qaeda, introduce dos novedades: el combate contra Estado Islámico podrá llevarse a cabo en cualquier parte del mundo y la autorización para el despliegue de fuerzas terrestres.
Esto último, en tres casos: operaciones de salvataje, de inteligencia y de incursiones contra líderes de Estado Islámico.
Según una encuesta Gallup, el 84 por ciento de los norteamericanos considera a Estado Islámico como la amenaza principal para su seguridad. Por tanto, Obama va a la guerra.

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