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Canadá: el djihadismo pone en peligro al proyecto multicultural Destacado

Kevin Vickers, de policía a embajador Kevin Vickers, de policía a embajador

Kevin Vickers fue un integrante de la Real Gendarmería del Canadá que prestó servicios como jefe de seguridad en el Parlamento de Ottawa hasta el 09 de diciembre de 2014. Ahora, es el nuevo embajador canadiense en Irlanda.


¿Qué pasó? ¿Hizo un curso acelerado de diplomacia? No. Sencillamente fue el policía que mató a Michael Zehaf-Bibeau, el extremista musulmán armado que, tras matar a un militar, intentó ingresar a los tiros al Parlamento en Ottawa.
El hecho no es aislado. Es consecuencia de las decisiones corajudas del gobierno canadiense. Y es que el tranquilo Canadá se convirtió en un estado militante en materia internacional.
Lo demuestra en su prédica anti Vladimir Putin tras la anexión rusa de Crimea y en la colaboración con las autoridades ucranianas sometidas a la presión de los separatistas pro rusos del este.
También lo demuestra en la participación en la coalición contra Estado Islámico en Irak, no así en Siria. A Irak, Canadá envió una escuadrilla de su Fuerza Aérea que participa regularmente de misiones de bombardeo contra infraestructuras militares y convoyes de la organización terrorista fundamentalista.
Si bien la participación internacional del Canadá comenzó con su actuación militar durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), por aquel entonces el Dominio británico de la Confederación Canadiense había delegado las relaciones exteriores en el gobierno británico. Por tanto no fue una decisión autónoma.
En 1931, el Estatuto de Westminster afirmó, finalmente, la plena soberanía nacional. Por lo tanto su participación muy activa en la Segunda Guerra Mundial (1938-1945) sí fue, en cambio, una decisión autónoma.
Con el liberal Jean Chrétien como primer ministro entre 1993 y 2003, Canadá propició una teoría de soberanía limitada frente a casos de violaciones masivas de los derechos humanos.
El país participó en la Guerra del Golfo contra el Irak de Saddam Hussein que había invadido Kuwait. Y también, en 2001, en la coalición internacional contra Al Qaeda y los Talibán en Afganistán.
Se negó, en cambio, a formar parte de la invasión de Irak pretextada sobre la base de una supuesta existencia –nunca comprobada- de armas de destrucción masiva.
El actual primer ministro Stephan Harper, conservador, 55 años, en el cargo desde febrero del 2006 muestra, como Chrétien, una fuerte vocación por los asuntos internacionales.
Probablemente en octubre de 2015, el país elegirá gobierno y Harper aspira a su reelección. De allí que el manejo y la relación con el djihadismo serán claves en función de la decisión de integrar activamente la coalición contra Estado Islámico.
Harper, su gobierno y sobre todos los servicios de inteligencia del Canadá saben que el djihadismo es un peligro real y que el ataque en solitario al Parlamento no fue un hecho aislado.
Dos días antes, en el Quebec, el así llamado Canadá francés, en la pequeña ciudad de Saint-Jean-sur-Richelieu, un conductor de automóvil apretó el acelerador y atropelló a dos militares canadienses.
La eficiente investigación inmediata determinó que el homicida resultó ser Martin Cotoure-Rouleau, un hombre con antecedentes policiales, convertido al islam y vinculado al extremismo fundamentalista.
El 08 de diciembre de 2014, el país fue puesto en estado de alerta tras la difusión, por Internet, de un video en el que un djihadista canadiense exhorta a los musulmanes del país a cometer atentados.
El djihadista resultó ser John Maguire originario de la región de Ottawa que, con el nombre de Abu Anwar Al-Canadi, se unió a Estado Islámico en enero del 2013. Es uno de los 145 canadienses que partieron para combatir en Irak y Siria.
En el video, Maguire llama a los musulmanes del Canadá a inspirarse en Martin Coutoure-Rouleau.
El 09 de enero pasado, dos hermanos gemelos, sospechosos de actividades terroristas, fueron arrestados en el aeropuerto de la ciudad de Montreal.
Harper no se asusta y arriesga. Tras el atentado de Paris contra la revista Charlie Hebdo, el primer ministro canadiense declaró que "el movimiento djihadista internacional declaró la guerra a toda persona que no piense como ellos"
Justificó así la presencia de la escuadrilla en Irak y calificó a la cuestión como "el problema de los próximos tiempos". Los 6 aviones CF-18 que forman la escuadrilla fueron enviados en una misión cuyo mandato culmina en abril próximo. Harper dejó entrever que será prolongado.
Para la sociedad canadiense, la irrupción del terrorismo en su vida cotidiana, sin ser algo del todo desconocido, es por demás inesperado.
Se sabe que los de octubre no fueron los únicos intentos terroristas, pero los anteriores fueron todos abortados por los servicios de seguridad. Esa vez, no.
Impresiona por demás que los hechos hayan ocurrido en una población menor del Quebec y en Ottawa que si bien es la capital del país, no deja de ser una ciudad muy provinciana, para nada comparable con las metrópolis de Toronto, Montreal o Vancouver.
Para recordar los anteriores hechos de terrorismo ocurridos en el país, hay que remontarse a la década de 1960, cuando aparece el independentista Frente de Liberación del Quebec, cuyas acciones armadas asolaron la provincia de habla francesa.
Desde 1971, última acción del Frente de Liberación del Quebec, hasta el 2014, no se registraron hechos de violencia vinculados al terrorismo.
El gobierno estudia ahora una Ley Antiterrorista que consistirá en mayores controles, mayores atribuciones para los organismos de seguridad y, por ende, una disminución del ejercicio pleno de las libertades públicas.
El punto es hasta adonde. Canadá es un proyecto multicultural donde, no sin inconvenientes claro, conviven pueblos originarios, descendientes de colonos ingleses y franceses e inmigrantes europeos y asiáticos.
Ese proyecto multicultural se puede ver afectado por la irrupción del fundamentalismo islámico y la consecuente reacción del gobierno canadiense.
Según la Oficina de Estadísticas del Canadá, el Islam es la religión de mayor crecimiento porcentual en el país. Actualmente, la proporción de los musulmanes sobre el total es del 3,2 por ciento. Es decir, 1 millón de personas.
La visión del resto de los canadienses hacia el Islam se deterioró sensiblemente en los últimos cuatro años. En una encuesta hecha en 2013, el 54 por ciento consignaba una visión negativa. En Quebec, el rechazo aumentaba al 69 por ciento.

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