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Cuba: algunas cifras que justifican un acuerdo Destacado

Uno de los pocos Ford Edsel que quedan en el mundo Uno de los pocos Ford Edsel que quedan en el mundo

El inicio de normalización de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos representa la posibilidad del inicio de una mirada introspectiva en la isla caribeña como nunca fue posible realizar durante el más de medio siglo de tirantez entre ambos países.


Por supuesto, la cuestión recién está en los inicios y hasta es posible que de allí no pase si algunos republicanos –no todos- logran imponer en el Congreso su oposición al levantamiento del embargo impuesto a la isla de los hermanos Castro.
Pero, el primer paso –impensable hace un mes- ya fue dado y ese primer paso es un avance en la eliminación de las excusas, argumentos y coartadas de las que se valió todo ese tiempo el gobierno de la revolución cubana para no hablar de su fracaso –aún con algunos éxitos- en generar las condiciones de bienestar para el pueblo cubano.
De allí lo de la mirada introspectiva. Si el presidente Obama logra levantar el embargo –bloqueo, como le llama el gobierno cubano- habrá quitado del medio al "mal" al que todo el oficialismo cubano apela para tapar, maquillar o justificar un insostenible estado de cosas.
El cubano medio verá que la Revolución le dio un sistema de salud universal, le ofreció el acceso a la educación en todos sus niveles y lo alentó a practicar el deporte de su elección.
En contrapartida, no le permitió expresar libremente sus opiniones, mucho menos sus disidencias, restringió su libertad y fracasó en generar perspectivas económicas alentadoras.
A la demanda de libertad y democracia la tapó con el patriotismo y al fracaso económico con el "bloqueo". En realidad, el "bloqueo" sirvió para todo. Para justificar penurias y para reprimir opositores "anti patriotas", "vendidos al imperialismo yanqui".
¿Siempre hubo penurias en la Cuba de los Castro? No siempre. Hasta 1989, la economía cubana, aunque sin lograr ningún éxito, se sostuvo con la ayuda soviética de varios millones de dólares diarios.
Sobrevino entonces el denominado "período especial" cuando la población de la isla sufrió toda clase de penurias, con el cierre de la canilla soviética. Esas carencias doblegaron, en parte, la resistencia de Fidel Castro a introducir cambios que llegaron, en buena medida, impulsados por su hermano Raúl.
Pero la cosa mejoró de la mano de otro "mecenas". El rol de la Unión Soviética lo tomó para sí el venezolano Hugo Chávez deseoso de granjearse un liderazgo regional –y universal- "anti imperialista" con una tesorería repleta de dólares provenientes del petróleo.
Pero, el despilfarro, tarde o temprano, pasa su factura y junto con la caída vertiginosa de los precios del barril de petróleo, el final del "subsidio" venezolano quedó a la vuelta de la esquina.
Ambos, Barack Obama y Raúl Castro, juzgaron correctamente al momento como apropiado para dar vuelta una página de medio siglo de historia que sirvió de poco y nada.
El gesto norteamericano cambia la estrategia sin cambiar el objetivo. En lugar de buscar la democratización por la vía de la caída del régimen castrista, lo hará de acá en más por el camino alternativo del fortalecimiento de la sociedad civil.
No está exenta de riesgos. En China y en Vietnam, la apertura económica se limitó solo a ella. En ambos países, el Partido Comunista demostró que su único interés es detentar el poder sin límite alguno. En un abrir y cerrar de ojos dejaron atrás el marxismo y se olvidaron de la creación de una sociedad basada en un sistema económico no capitalista.
Tanto en China como en Vietnam y, tal vez, en Cuba, la probabilidad de hacer negocios esté a la mano, pero la libertad de disentir, de opinar y de elegir prosiga sin ser posible.
Cierto es que, en rigor, resulta un problema del pueblo chino, o del vietnamita o del cubano. Son sus propios ciudadanos quienes deben elegir si luchan o no por conseguir esas libertades hoy inexistentes.
En todo caso, no es un embargo norteamericano quién deba ser el encargado de dárselas. De allí que no resulta comprensible la reacción de algunos círculos cubanos en el exilio –no todos- que pretendían una continuidad de las sanciones.
Ni se logró nada durante cincuenta años, ni ellos hicieron mucho por cambiar la situación en la isla.
Tampoco sirve la falsa solidaridad de algunos gobiernos de América Latina que hablan de un inexistente triunfo del castrismo en un relato que nada tiene que ver con la realidad.
Algunas cifras resultan ilustrativas de la situación cubana.
Hoy, el turismo representa para Cuba el principal rubro de incorporación de divisas, junto a la "exportación de servicios médicos" y las remesas que envían los expatriados.
El número de visitantes anuales a la isla se acerca a los tres millones de personas, una cifra igual a la de turistas que recibía antes de la revolución de 1959. La gran mayoría, casi un 39 por ciento, proviene de Canadá.
El crecimiento de Producto Bruto Interno se mantiene estable y débil con alrededor de un 2,6 por ciento anual, salvo en los dos primeros años de ejercicio del poder por Raúl Castro, cuando la economía creció por encima del 3 por ciento como consecuencia de la tímida apertura de por aquel entonces.
Si bien el Ingreso per Cápita experimentó una evolución y se sitúa hoy en algo más de 6.000 dólares por año, los cubanos aún padecen el racionamiento de los alimentos que les entrega, por ejemplo, algo más de 3 kilogramos de arroz mensuales y una botella de medio litro de aceite.
El salario medio de un cubano es, actualmente, de 19 dólares. Pero Cuba lleva una doble vida, la de la población y la del turismo. Quienes logran insertarse en alguna actividad del circuito turístico ganan muchísimo más. De allí que numerosos profesionales prefieran, por ejemplo, recibir turistas en sus casas o abrir comedores.
Esa doble vida de la población y del turismo se verifica a través de las dos monedas que circulan en la isla. El peso nacional (CUP), no convertible, con el que se pagan los salarios y el CUC, convertible que se usa en el turismo.
En contrapartida, el sistema de salud es un innegable logro de la Revolución Cubana. El indicador más contundente es el promedio de vida que alcanza a los 79 años, un valor propio de los países desarrollados, superior al de Estados Unidos, y que excede en cinco años al del resto de la región.
En la actualidad, Cuba exporta médicos y paramédicos. Hoy, se los calcula en cerca de 50.000 a quienes prestan asistencia en 66 países de África, América y Asia, de los cuales 32.000 lo hacen en Venezuela.
El Estado percibe pagos por dicha presencia en el extranjero aunque en algunos casos se trata de la mera solidaridad como el ejemplar contingente de 460 médicos y paramédicos que trabajan en Guinea, Liberia y Sierra Leona en la lucha contra el ébola.
Por un tratado que data de 1903, Estados Unidos mantiene en Cuba una base militar extraterritorial. Es Guantánamo que abarca una superficie de 120 kilómetros cuadrados. En 1934, el alquiler por la base subió de 2.000 a 4.085 dólares.
Desde entonces Estados Unidos deposita el correspondiente cheque que nunca fue cobrado por el gobierno de los Castro, salvo en una oportunidad debido a un error administrativo.
¿Contrapartida? En Estados Unidos viven 1,7 millones de exiliados cubanos. Conforman la tercera comunidad hispana por detrás de los mexicanos y los portorriqueños.
El parque automotor de la isla se calcula en 60.000 vehículos divididos en tres tercios. Un primer tercio de automotores de procedencia americana, todos ellos modelos de los años 50.
Un segundo tercio de vehículos soviéticos, Lada y Moskovich, de los años 70. Por último, un tercio de vehículos modernos, la enorme mayoría de ellos importados por el Estado.
Hace un año, la importación comercial de vehículos fue reabierta. Pero un Peugeot 4008 que en Francia cuesta 46.000 dólares, en Cuba está a la venta por 239.500 dólares.
Si bien el 26 por ciento de los cubanos accede a Internet, se trata de una especie de Intranet donde los principales servicios como mail, enciclopedia e información los provee el Estado. Solo entre un 3 y un 10 por ciento de las conexiones son de acceso libre. Entre estas últimas se contabilizan las instituciones y las embajadas.
Una hora de conexión a Internet representa un quinto del salario mínimo mensual y la adquisición de una computadora implica 20 meses de trabajo de un cubano medio.
La expectativa de la población por un cambio de condiciones económicas a partir del reciente anuncio de reinicio de relaciones con los Estados Unidos es enorme.

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