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Sudáfrica: el oficialismo ya no contiene a la generación “born free” Destacado

Shaeera Kalla y Nompendulo Mkatshwa, líderes de las protestas estudiantiles.    Shaeera Kalla y Nompendulo Mkatshwa, líderes de las protestas estudiantiles.

Si la ola de xenofobia decayó tras el viaje tardío y relámpago del presidente Jacob Zuma para pedir disculpas a su colega y vecino, Filipe Nyusi, presidente de Mozambique, la contestación y la protesta en Sudáfrica tomó otra connotación bajo la forma de la protesta estudiantil.


Fue importante. Tan importante que más de un observador imagino una reposición del mayo francés del 68.
A finales de octubre del 2015, los estudiantes obligaron al gobierno de Zuma a dar marcha atrás en el intento de aumentar en un 10,6 por ciento los pagos por escolarización. Y no fue a través de la pura retórica. Los estudiantes llegaron hasta ingresar a los jardines de la residencia presidencial en Pretoria.
Ahora gozan de una voz respetada y escuchada. Y esa voz pretende decir cosas sobre la raza y las inequidades. Ergo, sobre el futuro de Sudáfrica.
Es toda una novedad para el devenir político sudafricano. Hasta no hace mucho, cualquier demanda o reclamo era silenciada por el Congreso Nacional Africano (ANC), el partido de gobierno y los líderes de la protesta resultaban cooptados.
Ahora no es así. Por el contrario, la protesta estudiantil sirve como detonante para las manifestaciones de otros colectivos.
Es más, buena parte de la contestación señala a los líderes del ANC como corruptos, gran parte de ellos enriquecidos en los últimos veinte años de gobierno.
Nuevos nombres provenientes de una generación que, prácticamente, no conoció el apartheid, salen a escena. Por ejemplo, Nompendulo Mkatshwa, presidente del centro de estudiantes de la Universidad de Witwatersrand y y su antecesora Shaeera Kalla.
Conforman la generación del "born free" –los nacidos libres-, tras la caída, en 1994, del apartheid y proclama una verdad simple: la desigualdad entre quienes pueden acceder a los estudios superiores. Una desigualdad nacida de la discriminación racial y luego estigmatizada por la legislación apartheid.
Por su parte, el líder del opositor Partido de los "Combatientes por la Libertad Económica", Julius Malema dejó de estar sometido a la justicia por el delito de corrupción, luego que su proceso haya sido reprogramado varias veces en virtud de constantes postergaciones.
Malena y algunos de sus compañeros esperaban desde el año 2012 para ser juzgados. El juez de la causa consideró que demasiado tiempo había transcurrido y que ello equivalía a un suplicio para los acusados.
El pintoresco político, al igual que sus partidarios y sus diputados siempre vestidos de rojo y tocados con una boina de igual color, estaba acusado de enriquecimiento ilícito por 3,7 millones de euros a través de una licitación trucada para el mantenimiento de rutas en la provincia de Limpopo.
En cuestiones de política exterior, Sudáfrica acaba de ser sede de la Cumbre China-África donde el país comunista anunció la inversión de 60 mil millones de dólares para concretar la parte africana de su programa geopolítico bautizado como "Ruta de la Seda".
No son pocos quienes desconfían de un anuncio grandilocuente hecho justo en momentos donde se verifica una caída del 40 por ciento de las inversiones chinas en el continente africano, consecuencia de la caída del crecimiento del producto bruto chino por debajo del 7 por ciento anual.
Se trata de la inversión en tres redes de infraestructura que propone un sistema ferroviario con trenes de alta velocidad, un sistema de autopistas y un sistema de transporte aéreo regional.
Si se concreta, representará una importante contribución para el desarrollo africano y una facilidad adicional para el transporte y las exportaciones de materias primas con destino a China.

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