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Sudán Sur: una economía paralizada al borde de la hiperinflación Destacado

Repliegue del Ejército sud sudanés de la capital Juba. Repliegue del Ejército sud sudanés de la capital Juba.

El secretario general de las Naciones Unidas, el surcoreano Ban Ki-moon, recomendó, al Consejo de Seguridad de la organización, el envío de 1.100 cascos azules suplementarios al Sudán Sur, país en guerra civil desde diciembre del 2013.


Los cascos azules desplegados, que totalizan 12.500 efectivos, están encargados de proteger a los refugiados que ya suman más de 180 mil, distribuidos en seis campamentos de las Naciones Unidas.
El 26 de agosto de 2015 fue firmado un acuerdo de paz entre el presidente sud sudanés Salva Kiir y su rival, el ex vicepresidente Riek Machar, pero los combates nunca cesaron por completo.
Los compromisos de retiros de tropas establecidos por el acuerdo aún no se cumplieron y el propio Ban estima que, casi con certeza, se producirán nuevos retrasos.
El ejército, fiel al presidente Kiir, anunció a mediados de noviembre de 2015, el comienzo con gran retraso de las operaciones de retirada hasta un radio de 25 kilómetros de la capital, Juba.
Sudán Sur proclamó su independencia de Sudán en julio de 2011, bajo los auspicios de los Estados Unidos. Sobrevino la guerra civil a finales del 2013. Una guerra civil que ya produjo más de dos millones de personas desplazadas que huyen de los combates.
Producto de la guerra civil y de las décadas que transcurrieron durante las dos guerras de la independencia, el país sufre un sensible atraso en materia social –educación y salud- agravado por una economía que arrancó de manera optimista tras la independencia pero que se hundió como producto de la beligerancia.
A la fecha, los capitales huyen de Sudán Sur. Huyen de la guerra civil, pero también de la corrupción de las autoridades y de una inflación galopante que pone por las nubes el precio de las materias primas.
Con dificultades para establecer estadísticas sobre el país, el Banco Africano de Desarrollo calcula en una caída del 7,5 por ciento al resultado anual en materia de Producto Bruto Interno.
No obstante, todo comenzó bien tras la independencia. En Juba surgieron, por aquel entonces, construcciones por doquier. Pero, la especulación inmobiliaria rápidamente se apoderó del mercado.
Hoy, un alquiler de un pequeño departamento de un ambiente se negocia a razón de 2 mil dólares norteamericanos por mes.
En los mercados, los productos ofrecidos provienen de Kenya, de Uganda o de Tanzania. Nada se produce localmente, todo es importado. No son pocos los sud sudaneses que reconocen un mejor ambiente para los negocios en la etapa anterior a la independencia.
Si bien el tipo de cambio oficial es de tres libras sud sudanesas por dólar, no existen divisas para la compra venta en el sistema bancario. Todas las transacciones se hacen a través del mercado negro donde un dólar cotiza a 17 libras sud sudanesas.
La presión sobre el dólar se acrecienta por el hecho de la inexistencia de producción industrial local.
Resultado: la inflación se retroalimenta. En agosto de 2015, fue del 60 por ciento mensual. El incremento de los precios en un año se ubicó entre un 300 y un 500 por ciento.
El 98 por ciento de los ingresos del Estado proviene de la explotación del petróleo pero, producto de la guerra civil, numerosas instalaciones debieron dejar de producir. Antes del conflicto, la exportación de crudo orillaba los 400 mil barriles diarios. Hoy, es solo de 130 mil.
Además, por el uso de los oleoductos que comunican al país con el Mar Rojo a través de Sudán, Sudán Sur debe pagar alrededor a Sudán 25 dólares por barril, precio que no era significativo cuando el valor del barril era de 100 dólares pero que lo es cuando cayó a la mitad.
Los pobres recursos del Estado van hoy al Ejército y a las fuerzas de seguridad. La salud pública se deteriora –epidemia de cólera- y la educación está estancada con un alto nivel de analfabetismo.
Solo algunos proyectos continúan, todos ellos vinculados con el exterior como la ruta que unirá el país con Kenia, para dentro de dos años, o el proyecto Lapsset, un corredor que unirá Sud Sudán con Etiopía y desembocará en el puerto de Lamu, en Kenya y servirá para sacar la producción petrolera del país, para dentro de un decenio.
Mientras tanto, Sudán Sur vive de la única ruta asfaltada que existe en el país y que lo vincula con Kampala, Uganda, por donde ingresa toda la mercadería que el país importa.

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