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Libia: Estado Islámico, el nuevo actor en la guerra civil Destacado

Escombros tras el bombardeo egipcio a Derma Escombros tras el bombardeo egipcio a Derma

¿Es Libia hoy un territorio de Estado Islámico? De ninguna manera. Pero sí, Estado Islámico ha extendido su djihad –guerra santa- a Libia. De momento con combatientes locales y con frágiles acuerdos con algunas brigadas islámicas locales que luchan en el país.


Al igual que Irak, Libia es un país productor de petróleo, pero su importancia estratégica hoy va más allá del, por ahora, devaluado "oro negro". Su importancia estratégica, para los europeos, consiste en que se trata de un país ribereño del Mediterráneo, a un salto del Viejo Continente.
De allí que, a diferencia de Somalía, la actual anarquía libia complica el sueño a los servicios de inteligencia, a las fuerza de seguridad y a las fuerzas armadas de los integrantes de la Unión Europea.
A tal punto que el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) acaba de declarar, en Roma, que la alianza se encuentra preparada para apoyar al gobierno legal de Libia, dado que la situación representa una amenaza para Europa.
No obstante, salvo Italia, nadie quiere intervenir en Libia, ni aún a requerimiento de los países vecinos, como Niger o Chad que mucho temen una desestabilización a partir de un eventual triunfo integrista en Libia y aún antes.
Es que para los europeos queda el trauma de su intervención anterior, cuando mediante la exclusión establecida sobre el espacio aéreo libio posibilitaron el derrocamiento del dictador Muamar Kadafi, pero también su reemplazo por la actual anarquía donde pugnan por prevalecer, por las armas, las brigadas combatientes de aquel entonces.
Solo el Egipto militar y anti islámico –fundamentalista o moderado- intervino. Fue a través de un bombardeo focalizado como represalia por la decapitación de 21 egipcios cristianos coptos secuestrados, en enero, en el puerto libio de Syrte. A la fecha, decenas de miles de egipcios cruzan la frontera de retorno a su país.
Estado Islámico acostumbra a difundir, por las redes sociales, videos de sus salvajadas porque, está comprobado, ese tipo de bestialidades sirve para reclutar combatientes jóvenes, y aunque horrorice reconocerlo, deseosos de hacer correr sangre.
Pero, en este caso, el video tuvo un alcance político, además del propagandístico. Fue la prueba de la presencia de Estado Islámico en la "provincia de Trípoli".
Egipto bombardeó al día siguiente las posiciones que Estado Islámico detenta en su bastión de la ciudad de Derna, ubicada sobre el mar Mediterráneo y relativamente cercana a la frontera con Egipto.
Derna es usada además por los fundamentalistas para exportar petróleo de contrabando que sirve para financiar las actividades del grupo terrorista.
Desde Derna, Estado Islámico puso en marcha una estrategia para avanzar sobre el resto del país e internacionalizar el conflicto. Así, el 27 de enero de 2015 un comando suicida de Estado Islámico atacó el lujoso hotel Corinthia de la capital, Trípoli, y mató a diez personas, algunas de ellas extranjeras.
La confusión forma parte del paisaje político-militar de Libia. Nadie conoce muy bien las relaciones entre Estado Islámico y Ansar Al-Charia, el grupo terrorista próximo a Al Qaeda. Y nadie sabe tampoco a ciencia cierta cuál es la relación con Fajr Libia, el conjunto de brigadas islámicas locales que apoyan al gobierno ilegal de Trípoli.
Mientras tanto, el gobierno legal reside en Tobruk, ciudad pegada a la frontera egipcia. Cuenta con algunas fuerzas leales emergentes de las Fuerzas Armadas de Libia y con Kadama, la coalición político-militar del general Khalifa Aftar.
Hasta aquí, el conjunto islámico no se enfrentaba entre sí, como sí lo hace en Siria o Irak. Pero, desde hace unos días, la brigada Battar de Estado Islámico comenzó operaciones en pleno territorio de Fajr Libia.
Así, combatientes de Estado Islámico tomaron la radio de la ciudad de Syrte para difundir una proclama del jefe del grupo terrorista. Fajr Libia, acusada por Karama de complicidad, anunció que enviaría tropas para retomar el control de la ciudad.
También se menciona un enfrentamiento entre miembros de la brigada Battar y combatientes de Ansar Al-Charia, donde fue herido de muerte el jefe de este último grupo.
Es solo un ejemplo derivado de la estrategia de Estado Islámico de combatir y hacer combatir a todos.
Ahora acaba de condenar como infieles a los dos gobiernos libios, a los dos parlamentos, a los combatientes de un lado y del otro y sobre todo al general Khalifa Aftar, a quién en el colmo de la ironía, los cortadores de cabezas de Estado Islámico llaman "tirano".
Según diversos expertos, el total de armas esparcidas por Libia puede alcanzar a los 20 millones de unidades en un país que solo cuenta con 5 millones de habitantes. Frente a ello, los esfuerzos de paz en pos del diálogo inter libio parecen destinados a fracasar.
Es más, el debate consiste en si se debe proveer o no de armas al gobierno legal que las ha solicitado. Es lo que el primer ministro Abdullah Al-Thini busca por estos días en Rusia.
La misión especial de Naciones Unidas para Libia, que comanda el diplomático español Bernardino León, logró reunir, el 12 de febrero de 2015, a todos los actores políticos no internacionalistas que actúan en Libia.
La reunión se llevó a cabo en Gadames, la histórica e importante ciudad del Sahara libio.
Aunque no se vieron cara a cara, sino por intermedio de la mediación, estuvieron allí los representantes del gobierno y el parlamento reconocidos internacionalmente, que reside en Tobruk. Y también los representantes del otro gobierno y el otro congreso que se reúnen en Trípoli y cuenta con el respaldo más o menos cierto de los grupos islámicos locales.
Temas: un alto el fuego inmediato y la necesidad de un Poder Ejecutivo de unidad.
Los acontecimientos de las dos últimas semanas tiran por tierra todo el esfuerzo. Con Estado Islámico operando por su cuenta y con las desavenencias, inclusive internas, entre los dos bandos, no solo la paz queda lejos sino que la anarquía y la disolución del Estado están a la vuelta de la esquina.
Como una respuesta al peligro de anarquía, el gobierno legal de Tobruk designó, el 24 de febrero, al general retirado Khalifa Haftar como "Jefe general del Ejército", un puesto creado para él, pero que sirve para unificar el comando anti fundamentalista y para retornar a filas a numerosos oficiales pasados a retiro.
Desde el plano exterior, todo el mundo tiene algo que temer. Por razones obvias de proximidad, en primera fila, Egipto con su ciega política de ataque al islamismo moderado, mientras, en el Sinaí, sufre el embate de un Estado Islámico que ya habla de "su" provincia del Sinaí.
Luego, los vecinos sureños, Níger y Chad, ambos enfrascados en la lucha contra el grupo terrorista nigeriano –de Nigeria- Boko Haram, que temen quedar rodeados por el fundamentalismo.
Sin frontera con Libia, Mali donde muchos tuaregs, que sirvieron con Kadafi, retornan al país con cargamentos de armas. Al occidente, Tunisia donde existe un grupo fundamentalista islámico aunque poco desarrollado. Y Argelia, donde operan ramificaciones de Al Qaeda y de Estado Islámico en el Sahara.
Pero, el problema se extiende más allá. Por ejemplo, a Turquía. Al respecto, el gobierno legal de Libia que encabeza Abdallah El-Theni resolvió dejar de lado a las compañías turcas en los contratos con el Estado.
Razón, la vinculación y el apoyo, más o menos desembozado, de Turquía, al igual que Qatar, a los islamistas libios. En la vereda de enfrente, se encuentra Irán cuya embajada en Trípoli fue objeto de dos atentados protagonizados por terroristas de Estado Islámico en razón del odio al islam shiítia de los iraníes.
Y también a Europa, particularmente a Italia y Francia. Sobre todo Italia, por su proximidad geográfica, por la presencia de un número importantes de italianos que residen en Libia, por su pasado como potencia colonial en el país y por su intención manifiesta, junto con algunos países africanos, de formar una fuerza conjunta para combatir el fundamentalismo.
Y porque Estado Islámico promete llevar la guerra al "país de los cruzados".

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