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Sudáfrica: la herencia del apartheid siempre está presente Destacado

El populista Julius Malema El populista Julius Malema

Como no podía ser de otra manera, cuestiones vinculadas al régimen de segregación racial afloran en la vida sudafricana. A un año de la muerte de Nelson Mandela, aún resta mucho camino por recorrer para cumplir su sueño, el de una Sudáfrica integrada.


Los Combatientes por la Libertad Económica es un movimiento de izquierda radical, fundado en 2013 por Julius Malema, un ex militante del Congreso Nacional Africano –el partido en el poder-, que proclama la acción directa como método de lucha.
La campaña de Malema y sus Combatientes por la Libertad Económica pasa, en la actualidad, por convocar a sus partidarios para ocupar tierras, hasta ahora solo públicas, para construir alojamientos que el gobierno tarda en proveer.
Veinte años después de la llegada al poder del Congreso Nacional Africano con Mandela como presidente, alrededor del 22 por ciento de los sudafricanos no se alimentan suficientemente y el 54 por ciento vive con menos de dos dólares diarios.
"Para comer y para trabajar debemos poseer las tierras" clama Malema, aunque por el momento, su movimiento solo parece prestar atención a los terrenos desocupados en zonas urbanas.
Las ocupaciones comenzaron en Pretoria, en diciembre 2014, y siguieron en Johannesburgo, en enero 2015. No es algo nuevo, lo que sí, en cambio, es novedoso, es que los Combatientes entregaban títulos de propiedad a los asentados.
Obviamente, títulos falsos que algunos poseedores –nunca todos-, tal vez recibieron de buena fe. Es la clásica irresponsabilidad del populismo que junta votos distribuyendo lo que no le pertenece y deja una bomba de tiempo para el futuro.
Sin dudas, los Combatientes aprovechan la situación de desamparo en materia ocupacional que padece el 14 por ciento de los sudafricanos que habitan viviendas precarias, de tela o de cartón, en asentamientos sin ningún tipo de servicios.
Cierto es que las cosas van lentas pero tan cierto como que, desde el final del apartheid, 3,5 millones de viviendas fueron construidas para distribuir entre los más desprotegidos. También resulta cierto que la administración actual, considerada corrupta, manipula las asignaciones de viviendas.
Es probable que si las autoridades hacen respetar la ley, los enfrentamientos violentos queden a la vuelta de la esquina. Es que quienes pueden seguir los llamados de los Combatientes son personas absolutamente carenciadas y que, por tanto, no tienen nada que perder.
De hecho, el discurso sobre el Estado de la Nación que el presidente Jakob Zuma pronunció, como es tradición, el 12 de febrero, ante el Parlamento, se llevó a cabo con interrupciones que derivaron en una gresca generalizada entre los Combatientes y grupos parapoliciales que ingresaron al recinto para desalojarlos.
El resto de los partidos políticos, tras la pelea generalizada, abandonó el recinto, notablement la principal oposición, la Alianza Democrático y todo terminó en un gran escándalo.
Por una razón u otra. En la cuestión habitacional o en la educación, el apartheid siempre se hace presente.
En una escuela privada de Pretoria, los niños fueron separados según el color de la piel. La dirección dijo que no se trataba de una decisión racista, sino de educar a los niños en "su respectiva cultura".
Pues exactamente eso es el apartheid, más allá de la supremacía blanca del régimen anterior. El apartheid es separar, segregar, considerar que no se trata de una nación "arco iris" como le gustaba definir a Mandela, sino de varias naciones que no deben mezclarse entre sí.
Paralelamente a combatir el racismo, Sudáfrica y el gobierno del Congreso Nacional Africano comprenden la necesidad de dar vuelta la página respecto de los años del apartheid.
Fue así que el 30 de enero de 2015, el ministro de Justicia, Michael Masutha, acordó la libertad condicional al ex coronel Eugene De Kock, el más célebre de los asesinos del apartheid.
Responsable de secuestros, torturas y asesinatos de opositores, De Kock, 66 años, purgaba dos condenas a cadena perpetua más 112 años de prisión por 89 crímenes y delitos cometidos en su calidad de jefe de una unidad antiterrorista en la policía del régimen racista. Estaba preso desde 1996.
Durante sus audiencias ante la Comisión de Verdad y Reconciliación, De Kock confesó sus crímenes sin omitir detalles y se autocalificó como "asesino de estado". Tras ello, la Comisión le acordó la amnistía para casi todos sus crímenes que incluían atentados con bombas.
Pero no para el homicidio de cinco hombres que no estaban ligados al anti-apartheid y que, por tanto, ningún móvil político podía ser invocado. De allí, el régimen de libertad condicional.
Y también el apartheid se hace presente, por razones biológicas, en las muertes. El 06 de febrero 2015 murió el escritor blanco sudafricano Andre Brink, uno de los críticos más acérrimos del apartheid.
Falleció durante un vuelo de regreso desde Bélgica donde concurrió para recibir un doctorado "honoris causa" de la Universidad Catolica de Lovaina.
De 79 años, Brink escribió en afrikáans y en inglés y fue traducido a más de 30 idiomas. Algunos de sus libros estuvieron prohibidos durante los tiempos del apartheid.
El fallecimiento de Brink se suma al de Nadine Gordimer, también activista blanca contra el apartheid y Premio Nobel de Literatura, muerta en julio de 2014, y ocurre poco más de un año después del de Nelson Mandela.
Claro que, lamentablemente, no todo es literario. El delito se apoderó de las calles de las grandes ciudades sudafricanas, en particular en los barrios de población marginada.
Así, en Soweto, un municipio cercano a Johannesburgo, donde se hacinan entre 3 y 4 millones de personas, tras la muerte de un joven delincuente a manos de un comerciante que evitó, a tiros, ser robado, se produjo una pueblada con saqueos.
Más de 80 tiendas fueron asaltadas por los pobladores, convertidos en ladrones, durante tres días, mientras la policía detenía a 153 personas. Como rémora del pasado, los saqueos se produjeron sobre todo contra comercios de extranjeros, la gran mayoría de ellos, somalíes. Racismo entre africanos negros.
Claro que, además del apartheid –o su herencia-, otros temas preocupan a Sudáfrica. Uno de ellos es la energía. A diario, en los matutinos del país aparecen las horas y las zonas de corte que abarcan la totalidad del país. Tal la magnitud del problema.
Las altas temperaturas del verano y, sobre todo, la falta de inversión en mantenimiento, están provocando cortes que afectan a los hogares y a las industrias. En Sudáfrica, la energía eléctrica es, prácticamente en su totalidad, producida y distribuida por la compañía estatal Eskom. El monopolio está siendo seriamente cuestionado.
Antes del 2023, deberían estar en funcionamiento los ocho reactores nucleares que la empresa estatal rusa Rosatom dice que proveerá a Sudáfrica. Rusia financiaría el proyecto a un tipo de interés menor al de plaza. Sin licitación, claro.
Hasta el momento, Sudáfrica posee la única planta nuclear que funciona en el Continente, en la central de Koeberg y que genera el 5 por ciento de la energía sudafricana. El resto proviene de centrales termoeléctricas que funcionan con carbón como combustible.
Por último, la policía sudafricana comenzó una investigación sobre un posible desvío de fondos por parte del presidente, reelecto en marzo, Jacob Zuma.
Zuma inició trabajos en su finca personal en su pueblo natal de Nkandla, en la provincia de Kwa Zulu-Natal, que financió con dineros públicos, para dotarla de mayor seguridad, algo contemplado por la ley.
Pero, al mismo tiempo construyó una piscina, un anfiteatro, corrales para ganado y gallineros. Cuando desde el organismo correspondiente se le solicitó a Zuma que devuelva una parte de los 17,6 millones de euros usados, Zuma ignoró el requerimiento.
La cuestión de Nkandla fue la mecha que encendió la batalla campal en el Parlamento en ocasión del discurso sobre el Estado de la Nación. Dejaron hablar unos minutos al presidente Zuma y luego, uno por uno, los Combatientes lo interrumpían siguiendo una cuestión de procedimiento.
Cuando, uno de ellos preguntó a Zuma cuando devolvería el dinero desviado en Nkandla y si lo haría en efectivo o en pago telefónico, la gresca se generalizó. Los diputados fueron echados del recinto por parapoliciales.
Producto de ello, el partido Alianza Democrática, opositor, llevó el asunto a la justicia y su líder parlamentario Mmusi Maimane declaró que Zuma perdió contacto con la realidad y ya no está en condiciones de conducir el país.

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