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República Centroafricana: a confiar en las Naciones Unidas Destacado

Presencia militar de Naciones Unidas Presencia militar de Naciones Unidas

A mediados de setiembre de 2014, la Minusca –fuerza militar y policial de Naciones Unidas- tomó el comando de las operaciones de mantenimiento de la paz en la República Centroafricana.


La Minusca releva así a la Misca, la fuerza militar compuesta exclusivamente por tropas africanas, hasta ahora encargada. La Misca contó con la asistencia de Operación Sangaris, conformada por tropas francesas y por Eufor-RCA, tropas europeas.
Inicialmente, la Minusca desplegará 7.600 soldados, casi todos ellos prestaron servicio en la Misca, para llegar a la cifra final prevista de 10.000 soldados y 1.800 policías.
Según el general senegalés Babacar Gaye, jefe de la Minusca, la misión consiste en proteger a la población, apoyar el proceso político y contribuir a la restauración de la autoridad del Estado.
La misión no parece sencilla. En la práctica, el Estado centroafricano no existe. Las violencias intercomunitarias entre musulmanes y cristianos provocaron miles de muertes y cientos de miles de desplazados, en particular musulmanes, algo que derivó en un desastre humanitario.
Si bien la actual crisis data del 2013, en realidad se trata de una más de las tantas que terminaron por colapsar el Estado y hundieron en la miseria a sus 4,8 millones de habitantes pese al potencial minero y agrícola del país.
Según la ONG International Crisis Group (ICG), frente a las crisis sucesivas, la respuesta internacional quedó limitada a tres elementos importantes aunque insuficientes: presencia militar, asistencia humanitaria y ayuda financiera para asegurar la supervivencia de la administración.
Esta vez hace falta reconstruir todo y, según un diplomático occidental, los centroafricanos no cuentan con la capacidad ni la experiencia para hacerlo.
Para el ICG, las intervenciones internacionales anteriores fracasaron porque no tuvieron en cuenta el problema estructural de la depredación como mecanismo de poder.
A dicha depredación, ICG la divide en estatal mediante la corrupción, el pillaje y la utilización del presupuesto público para fines personales o sectoriales, y en contra estatal conformada por los pillajes de los grupos armados por fuera del Estado.
La intervención de la Minusca debe sortear esta prueba. Pero además, a diferencia de las intervenciones anteriores, debe despegar sus efectivos en todo el país y no limitarse a la protección del gobierno en la capital, Bangui.
De no hacerlo los grupos armados, entre los que sobresalen las distintas fracciones musulmanas de los ex Seleka y los cristianos anti balaka, continuarán sus depredaciones y homicidios en el resto del país. De hecho, dominan regiones enteras donde expulsaron a todas las autoridades estatales.
Al parecer, esta vez, el círculo vicioso de la rebelión en el interior que toma el poder para luego instalarse en Bangui donde es protegida por alguna fuerza internacional mientras se forma la nueva rebelión en el interior, está en mejores condiciones que nunca para ser interrumpido.
Eso es porque la Minusca cuenta con el personal militar necesario para desplegarse por todo el país y con un presupuesto suficiente -278 millones de dólares- para cubrir su primer año de mandato.
Si el mandato de la Minusca debiese ser cumplido en un ciento por ciento, hay que imaginar entonces que la misión durará aproximadamente 20 años.
Es que concretamente la resolución de su creación indica: a) protección de los civiles; b) apoyo a la transición política; c) extensión de la autoridad del Estado; d) mantenimiento de la integridad territorial; e) facilitar la distribución de la ayuda humanitaria; f) desmovilización de los elementos armados.
Junto a la Minusca actuará el Banco Mundial para apoyar el mandato de reconstrucción económica y la FAO para financiar los programas agrícolas.
Cierto, las misiones de Naciones Unidas no siempre salen bien. En la vecina República Democrática del Congo, la Monusco solo aportó una cierta estabilidad. Pero, hay que reconocer que sin la Monusco no existiría estabilidad alguna.
Mientras tanto en la República Centroafricana continúan las violencias intercomunitarias, detrás de las cuales se esconde, por lo general, el liso y llano bandolerismo. Para el gobierno se trata de intentos de desestabilización pero los pillajes omnipresentes parecen contradecirlo.
Desde lo político, la presidente transitoria Catherine Samba-Panza nombró en agosto pasado un primer ministro musulmán para relanzar el proceso de paz.
Se trata de Mahamat Kamun, un ex director general de la Tesorería. Es la primera vez que un musulmán ocupa el cargo de primer ministro. Kamun, al que nadie califica de Seleka, mantiene cierto grado de influencia sobre algunos jefes en armas.
La intención de Samba-Panza es la formación de un gobierno de integración de todos los grupos en pugna. El problema es que tanto ex Seleka como anti balaka han cometido crímenes que bien pueden ser considerados contra la humanidad y, por tanto, susceptibles de persecución internacional.
No obstante, Kamun pudo formar gobierno e incluyó tres ministerios para la rebelión ex Seleka, mayoritariamente musulmana; dos ministerios para las nebulosas milicias anti balaka cristianas; y el resto tecnócratas y políticos.
Pero, las violencias continúan. Razón de ser: el contrabando de diamantes que los grupos armados se disputan ¿A dónde va ese contrabando? A los Emiratos Árabes Unidos. A Dubay, más exactamente.

Modificado por última vez enViernes, 19 Diciembre 2014 17:12

Información adicional

1 comentario

  • LarBoasia
    LarBoasia Miércoles, 13 Septiembre 2017 23:02 Enlace al Comentario

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