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Sudáfrica: el partido casi único se achica Destacado

Nadine Gordimer, Premio Nobel de Literatura Nadine Gordimer, Premio Nobel de Literatura

El partido del Congreso Nacional Africano (CNA) del “padre de la Nación", Nelson Mandela, se convirtió en un partido de gobierno, cuya maquinaria electoral resulta capaz de superar cualquier dificultad que se atraviese en el camino al poder.

 

Fue palpable en la elección legislativa del pasado 7 de mayo. Y constituye la primera de las lecciones que conviene extraer de aquella votación: nunca hay que subestimar al CNA.

Esa era la elección donde el electorado iba a demostrarle al CNA su cansancio frente a métodos que mezclan partido y Estado, y frente a una corrupción cada vez más presente. El 60 por ciento era la barrera simbólica que demostraba o no dicho cansancio. El CNA obtuvo el 62,15 por ciento de los votos.

Por doquier hizo valer su histórico rol anti apartheid y exaltó la figura de Mandela. Pero, además y por las dudas, “susurraba” que los beneficiarios de prestaciones sociales del Estado perderían los beneficios, mientras repartía ayuda alimentaria y manejaba férreamente la televisión estatal.

Esos beneficios abarcan a 16 millones de sudafricanos, número que fue creciendo exponencialmente en los últimos años, para construir la clientela política.

Y dio resultado. En noviembre, las encuestas indicaban solo un 53 por ciento de intención de voto. Seis meses después, fue el 62,15. Y aún si ese 62,15 es el porcentaje más bajo en los últimos 20 años, solo es tres puntos menor al de la anterior elección.

Pero, las cosas cambian y de un voto casi racial, Sudáfrica pasa, sin prisa pero sin pausa, a un voto de clase.

Si en el campo y en las pequeñas poblaciones el voto africano permanece fiel al CNA, producto entre otras cosas de la red tejida con los jefes tribales, en las ciudades de importancia ocurre lo contrario.

La nueva clase media, a la que se incorporaron varios centenares de miles de africanos, vota mayoritariamente a la Alianza Democrática (AD), un partido liberal al que, hasta no hace mucho, solo apoyaban los blancos.

Hoy, es posible determinar que de los 4 millones de votos que recibió la AD, 750.000 fueron de africanos acomodados.

El CNA no solo pierde votos burgueses, también pierde votos obreros que van a parar al partido de los Combatientes por la Libertad Económica (CLE), una suerte de liberales de izquierda.

En la medida en que la urbanización avanza y, por tanto, los lazos tribales y familiares se debilitan, el porvenir aparece como más venturoso para la AD y para el CLE.

Tanto es así, que no resulta inimaginable que la provincia de Gauteng se sume a la oposición que, de momento, y de la mano de la AD solo gobierna la provincia del Cabo Occidental, donde está la ciudad de El Cabo.

Gauteng, es la provincia donde coinciden la principal ciudad del país, Johannesburg y la capital, Pretoria. La suma del Cabo Occidental y del Gauteng pondría en manos de la oposición el gobierno de la mitad del Producto Bruto sudafricano.

¿Qué hace falta? Un empujón más –el voto al CNA en Gauteng fue del 54 por ciento- y la no imposible alianza de la AD y el CLE.

Sudáfrica vive, como todas las democracias que mal o bien se asientan, un desinterés, sobre todo de los jóvenes, por la política. Del 89 por ciento que votó en 1991, ahora solo lo hizo el 73 por ciento, de los inscritos. Equivale a solo el 42 por ciento de los sudafricanos en edad de votar. Entre los jóvenes, la abstención llegó a las tres cuartas partes.

De momento, el dominio del CNA no corre riesgos. No obstante, hacia su interior surgen divisiones cada vez menos reconciliables. Todo parece indicar que un ala izquierdista se desprenderá de la formación madre, aquella que respondía otrora la Partido Comunista sudafricano.

Si ocurre, los resultados electorales quedarán abiertos.

Mientras tanto, y pese a los escándalos por corrupción, el nuevo Parlamento surgido de la elección confirmó a Jacob Zuma como presidente para un segundo período de cinco años.

Zuma es un hombre de 72 años al que la edad comienza a pesarle. El 07 de junio de 2014 fue hospitalizado producto de una fuerte fatiga y debió guardar reposo durante varios días.

Mientras tanto, Sudáfrica vive la zaga Pistorius, por el atleta lisiado Oscar Pistorius que asesinó a su novia. Es y seguramente, el juicio más mediático de la historia del país.

A tal punto que opacó la decisión de no poner en libertad al ex coronel de la policía sudafricana, Eugene de Kock, considerado como el asesino número uno del régimen del apartheid.

De Kock fue perdonado por sus crímenes políticos por la Comisión Verdad y Reconciliación, pero no por el homicidio, en 1992, de cinco hombres que no guardaban ningún tipo de relación con la guerrilla.

De Kock confesó crímenes atroces, contó sobre el accionar de la unidad secreta Vlakplaas de la policía y se auto calificó como asesino de Estado, aunque dijo que todo cuando hizo fue en cumplimiento de órdenes superiores.

No obstante, otro tema de relativo interés popular pero de sumo interés internacional consiste en la creación de un banco de desarrollo y un fondo común de reserva de cambio. Casi un sistema alternativo al del FMI y el del Banco Mundial.

Obviamente, Sudáfrica no lo hace sola. Lo hace con el resto de los BRICS, es decir Brasil, Rusia, India y China. Aseguran que no van a exigir reformas estructurales ni se entrometerán en la economía de cada país.

Pero seguramente para los sudafricanos, la muerte de la activista anti apartheid y Premio Nobel de Literatura, Nadine Gordimer, resulte de mucho mayor significado.

Modificado por última vez enSábado, 06 Diciembre 2014 19:36

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