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Egipto: Al-Sissi, la “naturalidad” militar de nuevo en el poder Destacado

Presidente Abdel Al-Sissi Presidente Abdel Al-Sissi

El general Abdel Al-Sissi ya es presidente por voto popular. Claro que se trata de un voto popular con escasa legitimidad. Proscripciones, en particular de los Hermanos Musulmanes, encarcelamientos, condenas a muerte y a prisión para la disidencia islámica moderada, quitan respetabilidad al triunfo de un golpista que derrocó al único presidente democráticamente electo en la historia de Egipto, Mohamed Morsi, hoy encarcelado.

 

Varias son las reflexiones posibles de la elección de Al-Sissi. La primera, evidente, es cuál hubiese sido el resultado sin proscripciones, persecuciones y represión.

Y la respuesta es que probablemente hubiese ganado igual. Por múltiples motivos. Uno de ellos es que los Hermanos Musulmanes gobernaron mal.

Y gobernaron mal porque administraron mal y porque pretendieron apurar los tiempos de una islamización en una sociedad que, si bien es arcaica en las áreas rurales –y gran parte de la población egipcia es campesina, los felllah- es modernizante, en las áreas urbanas.

Como no les alcanzaba para imponer sus criterios en la nueva Constitución, recurrieron a la alianza con los grupos islámicos fundamentalistas – aunque no armados – y eso representó el corrimiento de los sectores medios, modernizantes y juveniles hacia la reacción laica: a falta de tradición política, el Ejército.

Es que el Ejército gobierna naturalmente a Egipto. De momento, lo no natural es el libre juego democrático. Como casi todo el mundo árabe, no monárquico, la laicidad solo está asegurada por los gobiernos autoritarios y esos gobiernos autoritarios o cuentan con el respaldo militar o directamente son gobiernos militares, como el caso egipcio.

Desde 1952 a la fecha, ocasión en que un golpe militar derrocó al exótico rey Faruk I que se reclamaba descendiente de los Ptolemeos con Cleopatra incluida, Egipto fue gobernado entre 1952 y 1954 por Mohamed Naguib, militar; 1954/1970, Gamal Abdel Nasser, militar; 1970/1981, Anwar Sadat, militar; 1981/2011, Hosni Mubarak, militar.

Fueron 59 años de gobierno militar contra solo tres de gobierno civil de los cuales solo uno a cargo de un gobierno libremente electo. Es claro que para un egipcio, gobierno militar es naturalidad.

El punto lleva a otra cuestión. A la luz de la inestabilidad regional a que condujeron las denominadas primaveras árabes ¿Es factible la democracia en el mundo árabe? Irak, Siria, Libia, Egipto serían ejemplos de una respuesta negativa. Tal vez, Túnez que se encamina con muchas dificultades, resulte la excepción.

Pero no es una regla, la democracia y la república siempre, en cualquier parte, se abren paso con marchas y contramarchas. Claro que el problema va más allá ¿Sirve insistir en la democratización árabe cuando se anteponen otros criterios como la seguridad o el petróleo?

Hoy por hoy, Egipto enfrenta una amenaza para su seguridad que se amplifica a buena parte del mundo árabe. En la parte asiática del país, en el desierto del Sinaí, operan grupos djihadistas –combatientes fundamentalistas islámicos- vinculados a Al Qaeda.

El gobierno los combate con bastante impotencia, aunque el 23 de mayo 2014, informó que fue muerto en acción el líder del grupo Ansar Beit Al-Maqdess – Partisanos de Jerusalén – considerado organización terrorista por Estados Unidos y Gran Bretaña.

A la luz de cuanto ocurre en Irak y el norte de Siria, no son pocos los gobiernos occidentales que abandonan su apuesta por la democracia y la cambian por la seguridad.

Por otras razones, además de las de seguridad, las monarquías de Golfo, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait apuestan al gobierno militar egipcio. En primer lugar, porque son naturalmente contrarias a la democracia y partidarias de los gobiernos autoritarios.

En segundo término porque hacia adentro compiten con las “ínfulas intervencionistas” del emir de Qatar que, desde hace un tiempo, contesta la influencia saudí. El apoyo qatarí a los Hermanos Musulmanes de Egipto, de Libia, de Jordania y al Hamas palestino se inscribe en dicha lógica. La detención y sometimiento a juicio de periodistas de Al Jazira en el Egipto militar es una respuesta a ello. Al Jazira tiene sede en Doha, la capital qatarí, y pertenece al emir.

Si bien Qatar tiene mucho petróleo, no tiene tanto como el resto de las monarquías del Golfo. De allí que nuevamente, los demócratas occidentales se inclinarán ante los designios de la monarquía absoluta saudí.

El apoyo significa, nada más y nada menos, que petróleo, préstamos y donaciones para la destrozada economía egipcia, muy mal gerenciada por los Hermanos Musulmanes. Es hablar de cifras colosales de más de dos decenas de miles de millones de dólares. Y eso es mucho aire para Al-Sissi.

Claro, los precios a pagar son caros. Uno es la represión. Condenas por todos lados para militantes de los Hermanos Musulmanes, incluidas más de 500 condenas a muerte que, probablemente, no se harán efectivas ante una perspectiva de indignación mundial.

Acaba de ser condenado a quince años de prisión Alaa Fatah, uno de los blogueros que convocaron las movilizaciones que derrocaron al dictador Hosni Mubarak. El delito de Fatah: participar en manifestaciones no autorizadas ¡Quince años por participar en una manifestación no autorizada! Junto a Fatah, 24 personas más con la misma pena por el mismo “delito”. Y Fatah no es Hermano Musulmán, sino militante progresista.

Y hasta en el humor. Bassem Yussef, el humorista más popular de la televisión egipcia, quién desde el 2011 – cuando terminó el ciclo militar de 59 años – satiriza a todos los políticos del país y, en particular, al propio general Al-Sissi, decidió abandonar su exitosísimo ciclo.

Muy sincero, Yussef dijo ante las cámaras en su última emisión que “el ambiente no es más propicio para espectáculos de humor”. Yussef resistió las presiones de los Hermanos Musulmanes a quienes también satirizó y quienes lo demandaron judicialmente. Pero no pudo resistir la presión militar.

“Las circunstancias y las presiones son más graves que nunca” y “preferimos finalizar la emisión antes que traicionarla” fueron sus últimas frases. Yussef era casi la única voz discordante en un mundo mediático que solo canta loas a Al-Sissi.    

Modificado por última vez enDomingo, 30 Noviembre 2014 14:29

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